Entrevista a Ed Ruscha

  • 20/11/2016 - 20:12

     Autor: Elena Cué

     

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    Ed Ruscha. Foto: Elena Cué 

     

    Ed Ruscha (1937, Omaha, Nebraska) es uno de los supervivientes del Pop Art americano, movimiento que no ha dejado de tener influencia desde que surgió a mediados del s XX hasta ahora. Sus obras articulan imagenes y palabras, dotandolas de una multiplicidad de significados, incitando a pensar. A través de Ruscha viajamos en coche por los paisajes californianos: carreteras, edificios, y carteles publicitarios, donde imagenes y textos se anudan. Ha expuesto en los mejores museos del mundo, como, entre otros, en el Whitney Museum de Nueva York, el Centro Georges Pompidou de Paris o en España en el Museo Reina Sofia.

    A pesar de sus casi 80 años conserva todo su encanto y atractivo, física e intelectualmente. Con motivo de su última exposición hablamos en Londres de su obra y trayectoria.

     

    En esta exposición "Extremes and In-betweens" se presentan sus últimas obras. En los lienzos, sobre la pintura de fondo, una serie de palabras de gran tamaño decrecen y su significado pasa de lo universal a lo concreto casi desapareciendo.

    Creo que este trabajo es consecuencia de un libro que hice en 1968, titulado “Detalles holandeses”. Me invitaron a Holanda a realizar un proyecto. Quería hacer fotos de la pequeña ciudad de Groningen, al norte del país. Las hice, y fue como una progresión. Hice fotos desde un extremo de un puente, era una imagen muy amplia. Luego seguí avanzando e hice otra foto y otra, hasta llegar a la ventana de una casa. Detrás de la ventana había flores en un jarrón. Y, de algún modo, eso siempre ha permanecido conmigo, así que creo que estas obras son consecuencia de ese espíritu. Creo que todo lo que produzco como artista viene de algo que hice hace años, y que solo hago variaciones de un tema.

     

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    Ed Ruscha, Galaxy, 2016. Photograph: Ed Ruscha/Courtesy Gagosian 

     

    Entonces normalmente, ¿su inspiración suele proceder de su memoria?

    Sí, pero también son cosas que veo por la calle y en la vida, todas me influyen. Pero normalmente a mi trabajo le afectan cosas que hice hace muchos años. Es posible que cuando tenía 18 años ya estuviesen puestas las bases de lo que hago como artista. Y mis obras no son más que una pequeña parte de eso.

     

    ¿Podría explicarme como fue su proceso evolutivo pictórico, desde un arte más emocional como el expresionismo abstracto a un arte más racional como el conceptual?

    Sí, en cierto modo me parece que el arte abstracto está en todas partes y que es toda una conquista. La invención de la abstracción es un paso adelante muy moderno. Hace 150 años la gente empezó a hacer arte abstracto, y hacer un arte que no fuese figurativo fue un avance muy importante. Así que el arte abstracto tiene influencia en todo lo que hago.

     

    Se ha definido como un fabricante de imagenes, ¿podría hablar de ello?

    Me encanta el expresionismo abstracto. Pero a diferencia de los artistas que lo cultivan, prefiero imaginarme las cosas con antelación y luego planificar cómo voy a pintarlas. Tengo una idea preconcebida de lo que quiero hacer. Esa es mi manera de proceder, y en muchos sentidos no pienso como un expresionista abstracto. Pienso como alguien que planifica el resultado.

     

    ¿Así que es más conceptual que emocional?

    Sí, aunque también puede intervenir la emoción.

     

    Pero, sobre todo, el control…

    Efectivamente.

     

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     Ed Ruscha, Hollywood, 1968. © 2012 Edward J. Ruscha IV. All rights reserved. Photo © Museum Associates/LACMA

     

    Sus paisajes de grandes horizontes, misterio crepuscular, lugares desolados... Encuentro mucho romanticismo en la inmensidad de sus paisajes, como un moderno Caspar David Friedrich. ¿Qué hay de romanticismo en su obra?

    Yo no pongo romanticismo en mis obras, sino que espero que ya esté en ellas. Me encanta la obra de Caspar David Friedrich. No obstante, él era un artista muy personal e impactante.

     

    Si, invita a mirar más allá, en una dimensión metafísica. Y a usted ¿le interesa lo que está más allá de lo físico?

    Desde luego no pienso que mi obra sea mística o cósmica. Más bien, sencillamente, es mi contacto con el mundo tal como es. No ahondo en el misticismo. Sé que hay muchos artistas que lo hacen; ellos creen en eso, pero no me parece que yo esté entre ellos. Supongo que soy más pragmático, o que, a veces, visualmente no sé dónde estoy en ese aspecto, y llevo tanto tiempo haciéndolo que se me ha olvidado por qué lo hago.

     

    Su obra está repleta de significados...

    En cierto modo, mi obra ha tomado los elementos de las palabras y de la lengua inglesa. Empecé a hacerlo porque había estudiado tipografía y quería ser pintor de carteles. De eso pasé a la impresión y a los libros. Los libros me gustan mucho, y los he hecho durante muchos años. Así que esos elementos están ahí. No puedo ni quiero evitarlo. Significan mucho para mí. 

     

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    Ed Ruscha, Manana, 2009. Courtesy of the artist and Gagosian Gallery.

     

    ¿Qué violenta su pensamiento, qué hace que le impulse a pintar?

    Creo que la vida cotidiana basta para producir el incentivo para pintar. No es necesariamente la tortura de las cosas desconocidas lo que me hace que quiera hacerlo comprensible. Es como vivir en un mundo aislado y trabajar en el interior de ese mundo con las herramientas limitadas de las que dispongo, y sencillamente, seguir trabajando. Es difícil de explicar.

     

    No parece uno de esos artistas atormentados…

    Un artista atormentado podría ser alguien que es un artista en determinado momento y luego no lo es, lo cual es una lucha. En mi caso, la lucha inmediata nunca ha tenido lugar, pero hay toda clase de elementos que intervienen en la producción del arte, y no todo es un camino de rosas. Al mismo tiempo, tampoco todo es una tortura. Sencillamente, veo cosas que quiero convertir en un cuadro, y, a continuación, las pinto.

     

    Hablemos de la fotografía. La serialidad en fotografías de edificios, gasolineras, piscinas..., la documentación, ¿Por qué esa pasión por los libros archivo? 

    Probablemente, de mi infancia y de los viajes, y de cosas que veo que van más allá de mi infancia. Cuando me presentaron el mundo real, me dieron a conocer los viajes y me mostraron sobre todo el oeste de Estados Unidos, así que viajé mucho en coche, recorrí el oeste y empecé a ver gasolineras. Mi cámara era una voz para mí. Quería registrarlo de alguna manera y hacer no solo fotografías. El concepto de libro me despertaba mucha curiosidad, era algo mágico para mí. Y empiezas a pensar en un libro vacío, que no tiene imágenes, ni letras, ni nada. Entonces coges el libro, con sus hojas impolutas y vacías y, en cierta manera, filtras tus ideas a esas páginas en blanco y creas una historia, o una idea, y la desarrollas. Por esa razón, para mí, los libros son como crear arte.

     

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    Ed Ruscha. "Standard Station", 1966 

     

    Tienen carácter cinematográfico... ¿cuál diría usted que es la relación de su arte y el cine?

    Cuando era niño veía muchas películas, y las antiguas se proyectaban en pantallas gigantes. Había algo verdaderamente mágico en ello, causó una gran impresión en mi vida. En muchos sentidos, es como contemplar una pintura, excepto que la pintura no se mueve y aquí tienes algo en la pared que sí que se mueve y que, al mismo tiempo, te cuenta una historia y te ofrece música. Así que, por muchas razones, para mí la pintura está muy influida por el cine. Luego las películas empezaron a abrirse, el formato se hizo cada vez más amplio, hasta que se llegó al sistema Panavisión. Así que empecé a hacer cuadros muy anchos y así de finos. Era como abrir el horizonte. Hacerlo más ancho, dar más. Era algo que tenía mucho en común con ver películas.

     

    Ha experimentado con todo tipo de materiales incluyendo sustancias orgánicas como comida y bebida, pólvora, etc... Acudió a la 35th Bienal de Venecia con una Habitación de chocolate. ¿Cómo surgió esta experimentación?

    Me di cuenta de que pintar era como ponerle al lienzo algo así como una piel que lo recubría, y empecé a sentirme a disgusto con ello. Pensé que quizá la idea debería ser teñir algo penetrando bajo la superficie. Podía ver esas materias orgánicas y los materiales no convencionales –como la grasa Axle o cosas así, o como si coges flores y las frotas contra el lienzo– penetrar en el lienzo, no quedarse únicamente en la superficie. Crear imágenes a partir de algo que no era pintura se convirtió en algo muy sugerente e interesante para mí. Creo que me ofrecía otra oportunidad. Estaba cansado de pintar sobre una superficie. Ahora he vuelto a pintar superficies, como sabe. Pero en mi trabajo hay muchas cosas que no puedo explicar. Nunca me ha gustado el arte con aerógrafo, y, sin embargo, luego resultó que yo mismo lo practiqué. Y nunca me gustaron los lienzos con formas, pero ahora me encuentro a mí mismo haciéndolo.

     

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    Ed Ruscha, Chocolate Room, 1970. 

     

    Queda patente la influencia exterior que el paisaje californiano ha tenido en usted, pero ¿dónde encuentra la inspiración o el estimulo de su obra más conceptual?

    Tiene su origen en la naturaleza. Hay muchas cosas modernas que aprecio, pero también me gusta retroceder en mi mente y mirar. El desierto me gusta mucho, su vacío, su dramatismo, los cactus, la vegetación, los animales, y la idea de que no hay nadie. Me encanta el vacío. Por lo tanto, también eso tiene una gran influencia en todo mi trabajo como artista. En él hay naturaleza y cultura popular; una mezcla de esas dos cosas.

     

    Hablando del vacío... ¿por qué eligió no incluir personas en sus cuadros? 

    Cuando conocí a Andy Warhol, le di uno de mis libros de gasolineras. Él lo miró página a página y me dijo que le gustaba mucho porque no había gente. Yo nunca lo había pensado. No me daba cuenta. Así que, efectivamente, tenía razón: no había gente. Me quedé pasmado. Así que no siento la compulsión de trazar una figura con pintura. Por eso no lo hago.

     

    ¿Qué es lo mas frustante de su trabajo y que es lo más gratificante?

    Hubo un tiempo en que pensaba que lo que de verdad quería conseguir cuando pintaba era el producto acabado. Pero también está el proceso para llegar a él, las cuestiones que hay que resolver, los errores que se cometen. A veces los errores son verdaderamente muy buenos. Y si convertimos un error en algo positivo, entonces forma parte del producto acabado.

     

    Cuando echa la vista atrás, por ejemplo, en una retrospectiva de su obra, ¿que ve en ellas, las encuentra muy ajenas a usted con la distancia del tiempo?

    No, la verdad es que es muy cercana. Quiero decir que creo que las cosas que hice hace muchos años están muy cerca de mí hoy en día y que yo no estoy tan lejos… A lo mejor eso significa que no he progresado mucho. Eso sí, cuando empecé, ni se me había ocurrido hacer de mi trabajo artístico una vocación, o ganarme la vida con él. No tenía conciencia de que la gente compraba arte y que eso me permitiría vivir de él. Y a la mayoría de mis amigos les pasaba lo mismo. Lo hacíamos por la gloria del arte y para impresionarnos mutuamente. Nunca estuvo presente la idea de convertirlo en un medio de vida. Luego irrumpe el mundo real, y aquí estamos.

     

      Elena Cue entrevista a Ed Ruscha 

    Ed Ruscha. Foto: Elena Cué  

     

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