Leïla Slimani: Canción Dulce, Chanson douce

Wed, 09/01/2019 - 19:22

Leïa Slimani, (1981) es una joven autora franco marroquí, educada en lengua francesa y ganadora con su segunda novela del premio más prestigioso de las letras francesas, El Goncourt, en 2016.

En un estilo netamente francés, con un tono que recuerda a su compatriota Emmanule Carrère, Slimani narra con ritmo vertiginoso y con la lentitud propia de la rutina cotidiana una trama delirante que deja al lector en una situación incómoda donde quedan reflejadas situaciones fácilmente identificables. La lectura de la novela se acelera con el discurrir de la narración en una búsqueda de lo que se esconde detrás de un hecho que conocemos desde el comienzo. La ficción y la no ficción se entremezclan de tal manera que es difícil distinguir una de otra. Los personajes bailan alrededor de la protagonista, una mujer extraña e inaprensible que deja a la vista solo una parte de su personalidad para que el lector conforme su retrato según avanza la lectura. Nada parece quedar al azar.

Autor colaborador: Maira Herrero, 
Master en Filosofía.

Maira

 

 

 

 

Leïa Slimani, (1981) es una joven autora franco marroquí, educada en lengua francesa y ganadora con su segunda novela del premio más prestigioso de las letras francesas, El Goncourt, en 2016.

 

 LEILA SLIMANI 

 Leïla Slimani. foto Heike Huslage-Koch (CC-BY-SA 4.0)

En un estilo netamente francés, con un tono que recuerda a su compatriota Emmanule Carrère, Slimani narra con ritmo vertiginoso y con la lentitud propia de la rutina cotidiana una trama delirante que deja al lector en una situación incómoda donde quedan reflejadas situaciones fácilmente identificables. La lectura de la novela se acelera con el discurrir de la narración en una búsqueda de lo que se esconde detrás de un hecho que conocemos desde el comienzo. La ficción y la no ficción se entremezclan de tal manera que es difícil distinguir una de otra. Los personajes bailan alrededor de la protagonista, una mujer extraña e inaprensible que deja a la vista solo una parte de su personalidad para que el lector conforme su retrato según avanza la lectura. Nada parece quedar al azar. Los personajes se van entrelazando hasta quedar a la vista sus fobias y debilidades frente al otros. Con gran minuciosidad describe el ambiente de la casa donde se desarrolla una parte importante de la acción como testigo incómodo de una realidad asfixiante.

Sin tener nada en común Louise, la niñera de la novela, me ha traído a la memoria la figura de Vivian Maier, conocida como la fotógrafa niñera. Aquella americana enigmática y solitaria que paso su adolescencia en Francia y volvió a su país natal, en la década de los cincuenta, primero a Nueva York y más tarde a Chicago, para trabajar cuidando niños sin dejar a un lado su verdadera vocación, la fotografía, cuya obra, hoy mundialmente conocida, no vio la luz hasta después de su muerte en 2009. Ella fue capaz de encontrar en la cotidianeidad de su vida una fuente de inspiración que plasmo en miles de imágenes fotográficas que rompieron con cualquier frustración derivada de un trabajo poco gratificante. Las calles, con y sin gente, los niños que cuidó y alambicados autorretratos quedaron plasmados en más de cien mil negativos, recuperados prácticamente todos gracias al trabajo del crítico John Maloof. También se han encontrado algunas películas en súper 8 que ella misma rodó y grabaciones de audio, lo que han convertido a Vivian Maier en una cronista excepcional de dos de las grandes urbes americanas.

Esta digresión nos ayuda a comprender lo poco que sabemos de la condición humana y de lo que se esconde detrás de unos gestos que en apariencia resultan normales. Slimani nos muestra el enigma que subyace en el inconsciente y de qué manera, cuando menos lo esperas salta con furia en el escenario equivocado para dar paso a reacciones incomprensibles. La narración consigue descolocar al lector que trata de entender lo irracional, lo que la sencilla apariencia no deja ver, lo que se escapa a nuestra observación, los pequeños detalles que describen a la perfección la atmósfera que se respira dentro y fuera del lugar de los hechos. Es una novela difícil de recomendar a las madres que tienen que dejar a sus hijos en manos extrañas durante muchas horas sin saber realmente lo que ocurre en su hogar.

La condición femenina y el debate entre maternidad y vida profesional aparece en la novela sin ningún tipo de maquillaje. La disyuntiva entre el cuidado de los hijos o la vida laboral pone de relieve la complejidad de la elección. La auto justificación de los padres frente a la dejación de funciones y de las prioridades del momento, reflejan el dilema de cómo afrontar situaciones en las que a menudo no encontramos enredados.

La novela está inspirada en un hecho real acaecido en la ciudad de Nueva York en el año 2012.

 

 

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Entrevista a Ignacio Gómez de Liaño

Sat, 05/01/2019 - 11:55

La poesía fue, a los quince años, la primera dedicación vocacional del filósofo Ignacio Gómez de Liaño (Madrid, 1946). Se convirtió en autor pionero de poemas de tipo espacialista y escribió la primera historia de la poesía experimental en España, estudios que compartió posteriormente con la filosofía. Pero también le gusta el relato, contar cosas, lo que le condujo al mundo del arte. Acaba de publicar su libro Democracia, Islam, Nacionalismo (Ediciones Deliberar). Con este motivo y rodeados de libros, el pensador nos habla sobre la situación política actual.

 Autor: Elena Cué

Ignacio Gomez de Liaño. Foto Elena Cue

Foto: Elena Cué

 

La poesía fue, a los quince años, la primera dedicación vocacional del filósofo Ignacio Gómez de Liaño (Madrid, 1946). Se convirtió en autor pionero de poemas de tipo espacialista y escribió la primera historia de la poesía experimental en España, estudios que compartió posteriormente con la filosofía. Pero también le gusta el relato, contar cosas, lo que le condujo al mundo del arte. Acaba de publicar su libro Democracia, Islam, Nacionalismo (Ediciones Deliberar). Con este motivo y rodeados de libros, el pensador nos habla sobre la situación política actual.

En estos días, con motivo del Aniversario de nuestra Constitución de 1978, se ha avivado el debate sobre su reforma, ¿cuál sería su posición al respecto?

Pienso que habría que reformarla radicalmente. En el sentido de preservar los grandes valores, como son la soberanía de los ciudadanos respecto al Estado, el de la igualdad de todos ante la ley, o el valor más grande posible de la libertad, siempre y cuando no afecte a la de los otros.

¿Qué le parece la propuesta de convertir el Estado de las Autonomías en un Estado federal?

Es absurdo pretender hacer un federalismo. Es decir, querer resolver el problema aumentándolo. Como es sabido, los regímenes federales se han creado para unir lo separado, no al contrario.

Y,  ¿en cuánto a suprimirlas?

Yo lógicamente estoy a favor de la supresión de las Comunidades Autónomas. Como es un asunto que requiere un consenso muy amplio, lo importante es que el debate se abra y que se vean los pros y los contras. Por ejemplo, ¿para qué diecisiete Estatutos de autonomía? Lo mejor sería ir viendo cada uno, para terminar haciendo uno sólo más adecuado, y no generaría desigualdades. Por supuesto, el concierto vasco y el régimen foral navarro son inconcebibles en un Estado moderno. ¿Cómo van a tener un privilegio, por ejemplo, en el tema fiscal? Esta desigualdad ha generado una gran inseguridad jurídica, algo que cualquier persona con una concepción honorable de la democracia no debería haber permitido. De lo contrario, no se puede decir que estemos en un Estado democrático, ya que no hay seguridad jurídica.

¿Entonces usted considera que el Estado de las Autonomias ha sido un fracaso?

Aunque se hizo con la mejor voluntad, los años transcurridos han demostrado que no ha servido para curar el mal que pretendia remediar. Porque en el caso de los vascos el problema era que había toda una vanguardia asesina terrorista llamada ETA, que mató a más de 800 personas y dejó graves heridas a miles de víctimas, obligando a más de 200.000 personas a marcharse. Entonces, en vez de solucionar el problema lo ha potenciado, porque ha hecho incluso surgir regionalismos donde antes no existían, por ejemplo, en las Baleares, en Galicia o en Valencia, o a su manera en Andalucía. Se ha creado un caldo de cultivo identitario, antiigualitario y antiliberal.

Sin embargo, se ha planteado si trocear la educación en diecisiete partes debilita la democracia o la enriquece.

Tanto Juan de Mariana como Thomas Hobbes han afirmado que no se puede mantener un Estado sin una educación común. Es así, incluso en Estados federales como Alemania, donde la educación es competencia del gobierno de la nación, no de los Länder. Y de Francia no digo nada. O también Italia. Es un gravísimo error. Primero, porque ha facilitado que la educación sirva como un instrumento para adoctrinar políticamente, como se hacía en la Unión Soviética o en la Alemania nazi. Segundo, porque se deteriora la calidad educativa. En vez de respetar el criterio del mérito para la promoción del profesorado, es el criterio geográfico.  

¿Y en cuánto al Poder Judicial?

Creo que se debe intentar que éste tenga la máxima independencia respecto al Poder Ejecutivo y Legislativo. No puede ser que estos poderes tengan la facultad de facilitar el nombramiento de magistrados del Supremo, que van a juzgar incluso casos de corrupción que pueden tener los propios partidos políticos que les designan. Si no hay separación de poderes, entonces tampoco puede decirse que la democracia sea genuinamente democrática.

Entonces, ¿cómo hay que entender el derecho de autodeterminación? Si además de las Comunidades Autónomas, también las provincias y las ciudades quisieran hacer uso de ese derecho de independencia. ¿A qué nos conduciría esto?

De alguna manera, a una confrontación civil. En realidad es un derecho que se anula y se contradice a sí mismo. Si tú exiges el derecho de autodeterminación para tu región, no se lo puedes negar a las partes de esa región que a su vez quieren autodeterminarse. A santo de qué se exige eso en Cataluña, y no se admita que Barcelona, por ejemplo, siendo una ciudad tan importante, no tenga ese derecho de autodeterminación. Es una contradictio in terminis.

En 1960 la ONU reconoció el derecho de autodeterminación sólo a los países colonizados o sometidos por las armas...

Ramón y Cajal, que había estudiado en Barcelona y conocía muy bien la sociedad catalana, afirmó que el nacionalismo obedece a intereses de las oligarquías que quieren hacer un chantaje empleando la potenciación de la emotividad, del rencor al otro, y de atribuir todos los males a los otros. El odio al otro ya justifica todos los males que han ocurrido, y, como el que te está predicando te exalta, piensas que ese te va a liberar. Si la historia nos demuestra algo es que, cuando quieres destruir un país, has de potenciar partidos y movimientos nacionalistas.

¿Por qué?

Porque entonces haces que valgan, no las reglas de la razón para resolver los problemas, sino las emociones, que es lo peor que puede ocurrir para arreglar problemas que requieren un tratamiento racional y técnico como es debido. ¿A quiénes está beneficiando económicamente más el nacionalismo catalán? No a los catalanes, sino a los madrileños, a los de Zaragoza, a los valencianos, etc.

En el supuesto caso de que se proclamase la Independencia en Cataluña, ¿qué pasaría?

Eso es inadmisible. El Estado no puede hacer una dejación de sus funciones. No puede ser el cooperador de la destrucción del Estado. A lo que esto debería llevar es al establecimiento de un 155. Lo que no puede ser es que gente enemiga de España, incluso también con pretensiones racistas, esté gobernando una región española. Eso es inadmisible.

Pero algún fin positivo deben ver ellos, porque si no, no se entendería que se arriesguen a ser excluidos de Europa, salir del euro, nuevos aranceles, huida de empresas...

Sí, pero todo esto ha sido muy normal en la historia. Ha ocurrido muchas veces, por ejemplo, en los países musulmanes. El fundamentalismo islamista acaba con esos países, y mucha gente se siente atraída; el nazismo acabó con Alemania, y sin embargo mucha gente lo apoyó, empezando por no pocos judíos; en la Rusia soviética, mucha gente pensó que Lenin y Stalin iban a ser la salvación. Es decir, que los delirios se propagan, desgraciadamente, con mucha facilidad. Y sobre todo los delirios de tipo nacionalista y socialista-comunista se han propagado con una excesiva facilidad, y, a pesar de haber traído sólo desgracias, siguen teniendo una continuidad. Quizá por falta de educación, por falta de estudio y conocimiento de la historia. Por eso es importante que se explique, que se cuente la historia de hacia dónde llevó realmente el comunismo, el socialismo o el fascismo. Y por eso es importante también que no se empleen tópicos como, por ejemplo, que se llamen fascistas a Vox, cuando los fascistas son más bien los nacionalistas vascos y catalanes.

Habla en su libro de los sucesos que ocurrieron en Cataluña en 1934 con Companys a la cabeza, que pretendía fundar la República Catalana, y sobre los recientes de octubre de 2017, ¿Qué tienen en común y en qué se diferencian?

La principal diferencia es que el gobierno de la República fue más tajante contra el nacionalismo independentista de aquella época. Tanto que habla la izquierda en favor de la República, pues que la imite en eso, ¿no? Allí, el general Batet acabó con ellos en unas horas. Y hay que leer las cosas que dice Azaña en su diario en contra del nacionalismo catalán, que él conoció muy bien y que en algún momento le dio su apoyo.

Pero volviendo a lo de Companys...

Pues que Cataluña tenía sus “escamots”, que venían a ser como los Mossos d’Esquadra actuales, o sea tenían sus fuerzas de choque. Ellos pensaban que si daban el golpe lo conseguirían, pero el gobierno de la nación, el de la República, fue inmediato y rápido en esto.

También habla en su libro del "genocidio cultural" que se está produciendo en Cataluña precisamente por el tema de la lengua.

Claro, eso ocurre cuando se pretende eliminar la lengua que ha sido mayoritaria, ¡y lengua de cultura! Los libros que se publicaban a finales del s XVI en Cataluña, la mayor parte de ellos eran en castellano. Se publicaba incluso mucho más en latín que en catalán… Un genocidio cultural no es que se trate de eliminar a un grupo humano –que es la definición académica de genocidio–, sino que se trata de eliminar la cultura de ese grupo humano. Y desgraciadamente en el País Vasco también van camino de eso por eliminar, en la medida de lo posible, el uso del español. Eso no puede ser. No se están reconociendo los derechos de la inmensa mayoría de la población al uso de la lengua castellana.

En su opinión, ¿cuáles son los principales valores éticos que caracterizan nuestra Democracia y que deberíamos preservar?

Primero, la soberanía de todos los ciudadanos, porque todos los ciudadanos españoles somos depositarios de la soberanía de todo el Estado. Es decir, que no se nos robe parte de nuestra soberanía, como quieren los independistas. Ese es el punto de partida. Por supuesto también el derecho de propiedad, porque de lo contrario no tenemos libertad, y asimismo la igualdad ante la ley, la libertad de conciencia y de opinión.  

Observando el panorama actual en Europa, y en España en particular. ¿Cómo ve la salud de nuestro sistema democrático?

Creo que no goza de buena salud. En el caso de Europa tiene incluso problemas mayores que España. No olvidemos que, en Francia, más o menos cinco millones de franceses están fuera de la ley, es decir, viven en las zones urbaines sensibles. Que haya cinco millones de personas, que son ya ciudadanos franceses, pero que vivan en zonas donde para muchos asuntos está casi más vigente la Ley islámica –la sharía–, que no es democrática, hace que el problema sea inmenso. A Dios gracias, este problema todavía no lo tenemos en España. El problema que representa el Islam, por su incompatibilidad total con el reconocimiento de la igualdad de todos los seres humanos –a diferencia del Cristianismo, que nos invita a querer a los otros como a ti mismo–, es que es una religión que busca el sometimiento, la sumisión. En Europa, el problema sobre todo viene por ahí, más que por los nacionalismos, salvo en el caso de Bélgica y Gran Bretaña.

Habla de la utilización de lo sagrado por el poder, centrándose en las grandes religiones políticas de la modernidad. ¿Existe un revestimiento sacral en la política de nuestro tiempo?

Sí, claro. Hay una sacralización de la nación catalana y de la nación vasca. Lo grave, en el caso español, es que una parte de la Iglesia católica, que debería estar en contra de los nacionalismos –no por casualidad se llama católica, o sea, universal–, ha hecho sin embargo causa común con esos particularismos. Se ven simpatizando a obispos o abades, como el de Montserrat, o en el País Vasco en la época de ETA, y no se dan cuenta que eso lo que produce es una gran desacralización en los ambientes católicos. ¿Cómo voy a estar a favor de una jerarquía eclesiástica que va en contra de los valores fundamentales del cristianismo, como la igualdad o que todos los hombres somos hermanos?

Entonces, ¿cuál es en su opinión el lugar de la religión en un sistema democrático como el nuestro?

En esto coincido bastante con el filósofo español –aunque él escribió en inglés– Santayana. El cristianismo católico tiene unos valores culturales y poéticos extraordinarios. La liturgia también. De manera que yo creo que eso, independientemente de la fe que uno pueda tener, de si hubo resurrección o no, etc. tiene ese valor moralizador y poetizador. Esos son valores muy importantes para la humanidad, incluida la humanidad democrática. En ese sentido, la religión que ha aportado más ha sido la versión católica del cristianismo, y también ciertas versiones del budismo. 

 

 

 

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Vidas Minúsculas. Pierre Michon

Fri, 14/12/2018 - 17:38

Pierre Michon posee una inteligencia narrativa que conmueve. Su prosa de frases largas y escasas pausas se lee prácticamente como poesía y obliga al lector a no perder el ritmo que impone su escritura, más como una partitura que como un texto. Maneja el lenguaje con precisión y su vasta cultura es el vehículo perfecto para contar sus historias. Vidas Minúsculas, su primera novela (1984), se publicó en España por primera vez en 2002 y desde entonces se ha reeditado tres veces. Representa la bildungsroman, novela de formación o de aprendizaje que aborda un tiempo vital que produce cambios sustanciales y que marca la manera de cómo enfrentarse a la vida.

Autor colaborador: Maira Herrero, 
Master en Filosofía.

Maira

 

 

 

 

 

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Pierre Michon 

 

Pierre Michon posee una inteligencia narrativa que conmueve. Su prosa de frases largas y escasas pausas se lee prácticamente como poesía y obliga al lector a no perder el ritmo que impone su escritura, más como una partitura que como un texto. Maneja el lenguaje con precisión y su vasta cultura es el vehículo perfecto para contar sus historias.

Vidas Minúsculas, su primera novela (1984), se publicó en España por primera vez en 2002 y desde entonces se ha reeditado tres veces. Representa la bildungsroman, novela de formación o de aprendizaje que aborda un tiempo vital que produce cambios sustanciales y que marca la manera de cómo enfrentarse a la vida. Para Michon fueron los años en los que el latín se convirtió en su refugio, el saber en una necesidad, "los otros, los demás" en una lucha diaria y su meta la lectura de los clásicos. A través de ocho historias, algunas abarcan un ciclo vital completo, nos sumerge en su infancia hasta llegar a la juventud perdida en una búsqueda de sí mismo en el mundo de ayer. La pesada aventura del crecimiento terminaba, nos extrañaba que no fuera eterna. Siempre anda a vueltas con sus recuerdos, con el mundo rural donde creció y donde la climatología, la orografía, la vegetación, el olor, los sonidos, la luz … marcan la diferencia, y como todo ese estar pegado a la tierra le transforma, y forma una identidad a la que no puede renunciar. Biología y cultura son un todo que conforma una personalidad muy particular. La edad le ha devuelto a ese mundo que abandonó hace ya muchos años pero que nunca dejó, a Cards, un pequeño pueblo de la región de Lemosín en el corazón de Francia.

Michon es un maestro a la hora de describir a los protagonistas de esas historias. Los va retratando a base de pequeñas pinceladas, su composición es minuciosa y vuelve sobre ella una y otra vez hasta dar con lo que busca en un acto de creación absoluto haciendo visible lo invisible. En algunos casos la agudeza descarnada de sus descripciones resulta inquietante y perturbadora, pero la belleza de su lenguaje está por encima de sentimentalismo y se enfrenta a ellos sin concesiones y con honestidad. La estructura espacio temporal funciona como hilo conductor de la novela que avanza a través de decepciones y fracasos, al mismo tiempo que la tranquilidad de la aceptación de lo evidente no deja lugar al pesimismo. Siempre hay un resquicio para la ironía como cuando se refiere a esos enfermos de locura como gandules optimistas o incluso cuando habla de la muerte. Toda la narración deja patente la interacción íntima y constante que existe entre el escritor y los protagonistas de sus historias que le empujan hacia la edad adulta. … el mundo, que sólo es para nosotros el guardarropa donde vestir nuestra imagen.

Habla de ese tiempo identificable que lleva consigo pérdidas definitivas y explica la manera de estar en el mundo, esa conciencia de un tiempo roto para siempre en que el pasado va a crecer desmesuradamente. Al mismo tiempo, utiliza la muerte para explicar la vida, de niño supe que otros niños morían: […] había estado junto a ellos y sabía que estábamos hechos de la misma pasta; dudaba de que se convirtieran, como me aseguraban, en ángeles de pleno derecho. Esa manera de identificarse con los muertos estremece cuando se refiere a su padre como el Ausente, el gran ausente, (inaccesible y oculto como un dios) que habita su cuerpo deshecho por los excesos del alcohol y de los estupefacientes, un simple encuentro remueve el pasado que queremos olvidar, en ese desajuste del escritor con el mundo y en esa necesidad de reconciliación con él. Somos nuestra memoria que revela un discurso sobre el sentido de la vida y de cómo entenderla.

En Vidas Minúsculas está el germen de algunas de sus obras posteriores, ya tiene en la cabeza a Rimbaud el hijo, después de que cayese en sus manos, siendo todavía un niño, un artículo titulado Arthur Rimbaud, el eterno infante. También, está su amor por los grandes maestros de la pintura, Roger van der Weyden, Hals, Goya, Van Gogh que más tarde reflejará en Señores y sirvientes.

 

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Los Comedores de Patatas de Vincent van Gogh, 1885

 

Michon hace genealogía para entender su propia existencia, escucha y mira el pasado para encontrar en las pequeñas cosas el sentido del mundo. En un pasaje de la novela imagina que se abre como un libro que él mismo lee, (para regocijo del público), en esa idea de que los libros duelen y seducen. Es un narrador de primera mano en algunas vidas y de segunda en otras, cuando habla por lo que le han contado, para ahondar hasta una profundidad que falta el aire.

No hay nada más emocionante que encontrar libros que abran nuevos horizontes, no sólo por lo que dicen sino por cómo lo dicen, Vidas Minúsculas es uno de ellos: las cosas del pasado son vertiginosas como el espacio, y su huella en la memoria es deficiente como las palabras: (a pesar de ello) descubría que uno recuerda. La vida es el relato, la narración que la literatura nos ofrece.

Pierre Michon ha repetido muchas veces una frase de Bataille: Por supuesto que cualquier forma de arte puede existir independientemente del deseo de prodigio. Pero cualquier obra de la que esté ausente ese deseo no es una gran obra. Aquí encontramos ambas cosas, se une razón y emoción, deseo y prodigio.

No puedo dejar de mencionar a sus traductoras, Flora Botton Burlá y María Teresa Gallego Urrutia que han sido capaces de trasladar, con un trabajo impecable, toda la sensibilidad poética del autor a nuestra lengua.

 

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 Pierre Michon

 

 

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Roma. Alfonso Cuaron

Thu, 13/12/2018 - 18:05

Alfonso Cuarón es un hombre pegado a la tierra, a esa tierra que marca su ser desde la existencia de una de las personas que le han dado amor y le han enseñado a amar. Cleo es la   joven indígena que cuidó de Cuarón y de sus hermanos cuando empezaba a despertar a la pubertad y con la que compartió momentos determinantes de su existencia en esos años donde todo queda marcado a fuego. El director mexicano ha puesto todo su empeño para contar sin sentimentalismo y con un lirismo conmovedor una parte fundamental de su vida. Lo pequeño, incluso lo minúsculo toman importancia capital y nos adentra en la intimidad de su mundo familiar. La cinta transcurre en la colonia Roma de Ciudad de México, un barrio tranquilo de casas unifamiliares en los inicios de la década de 1970.

Autor colaborador: Maira Herrero, 
Master en Filosofía.

Maira

 

 

 

 

 

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Alfonso Cuarón es un hombre pegado a la tierra, a esa tierra que marca su ser desde la existencia de una de las personas que le han dado amor y le han enseñado a amar. Cleo es la   joven indígena que cuidó de Cuarón y de sus hermanos cuando empezaba a despertar a la pubertad y con la que compartió momentos determinantes de su existencia en esos años donde todo queda marcado a fuego. El director mexicano ha puesto todo su empeño para contar sin sentimentalismo y con un lirismo conmovedor una parte fundamental de su vida. Lo pequeño, incluso lo minúsculo toman importancia capital y nos adentra en la intimidad de su mundo familiar. La cinta transcurre en la colonia Roma de Ciudad de México, un barrio tranquilo de casas unifamiliares en los inicios de la década de 1970.

La arquitectura, el mobiliario y las costumbres familiares nos dan las pautas para entender un mundo reconocible de la vida de la clase media profesional de cualquier lugar. La cámara deambula por la casa y pasea por las calles del barrio para colocarnos en el contexto exacto. Azoteas, patios, escaleras, pavimentos, y coches explica con exactitud lo que parece conformar una realidad que el paso del tiempo no ha borrado.

 

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Es un mundo de mujeres y niños, en el que el padre es casi una figura retórica. Una madre fuerte y decidida, siempre junto a Cleo, la figura icónica del grupo familiar que con absoluta humildad teje lazos inquebrantables. El aspecto frágil y desvalido, en apariencia de la protagonista, adquiere a lo largo de la película la fuerza de un titán, hasta convertirse en el ángel de la guarda que a todos nos gustaría haber tenido. La secuencia de la playa deja al descubierto la determinación de alguien que es capaz de adentrarse sin titubeos en la oscuridad para que la vida continúe tal como está prevista.

La cotidianeidad recorre la vida familiar del día a día entremezclando lo importante con lo superfluo en un juego de luces y sombras. Una cuidadísima fotografía en blanco y negro sirve de referente para entender ese diálogo que se establece entre la vida y la muerte, entre lo que está bien y lo que no, entre el respeto y el amor y la indignidad. Nada chirria, todo está cuidado con una delicadeza que queda patente en los momentos más críticos, cuando el espectador descubre el escaso valor de la vida y la falta de empatía que se puede llegar a generar. Son los años en que las revueltas y enfrentamientos entre grupos paramilitares y estudiantiles culminó con la masacre del Jueves del Corpus, 10 de junio de 1971. Más de 120 estudiantes perdieron la vida y Cuarón quiere que se recuerde.

 

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No se puede obviar que el director y guionista del film es un mexicano enraizado hasta la médula con su cultura y que necesita sentir lo más prosaico de la existencia, en este caso encarnada en los excrementos de un perro al que nadie parece prestar atención, simplemente forma parte del decorado. Tampoco ha querido olvidar la riqueza lingüística de su país e incorpora en los diálogos entre Cleo y su compañera Adela, el Mixteco, la lengua de la tierra de donde ambas son oriundas. El movimiento sísmico se trata de forma tan natural en el relato, como la llegada de la primavera. El sonido de una ciudad en ebullición, o el ruido del agua al caer sobre el piso cierran el círculo.

 

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También hay momentos llenos de ironía, como cuando hay que estacionar el automóvil en el zaguán de la casa, demasiado pequeño para un coche tan grande, que una y otra vez se golpea en los laterales hasta quedar desvencijado, como algo que no encaja en su sitio.

Los primeros fotogramas muestran un suelo de baldosas hidráulicas en los que lentamente aparece el agua que baldea Cleo y los últimos, la azotea abierta al cielo donde Cleo tiende la ropa.

 

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Entrevista a Robert Wilson

Thu, 29/11/2018 - 20:57

Mi primer encuentro con Robert Wilson se produjo una noche en un restaurante. Antes de que nos sirvieran el primer plato, nos comunicó su deseo de pronunciar unas palabras. Se levantó y se situó detrás de la silla. Se mantuvo en esa posición, en un estado de meditación; el silencio se alargó unos minutos provocando el asombro y la curiosidad de los allí presentes hasta que finalmente comenzó a hablar.Robert Wilson (Tejas, 1941) es uno de los más grandes creadores artísticos del siglo XXI porque ha conseguido revolucionar, de manera importante, la forma de mirar las artes. Su influencia en el teatro experimental y en el arte del performance es incuestionable y ha dirigido y creado escenografías para las grandes óperas del mundo. La próxima, Turandot, será su vuelta al Teatro Real.

 Autor: Elena Cué

 

 Robert Wilson por Elena Cue

Robert Wilson. Foto: Elena Cué

 

Mi primer encuentro con Robert Wilson se produjo una noche en un restaurante. Antes de que nos sirvieran el primer plato, nos comunicó su deseo de pronunciar unas palabras. Se levantó y se situó detrás de la silla. Se mantuvo en esa posición, en un estado de meditación; el silencio se alargó unos minutos provocando el asombro y la curiosidad de los allí presentes hasta que finalmente comenzó a hablar.

Robert Wilson (Tejas, 1941) es uno de los más grandes creadores artísticos del siglo XXI porque ha conseguido revolucionar, de manera importante, la forma de mirar las artes. Su influencia en el teatro experimental y en el arte del performance es incuestionable y ha dirigido y creado escenografías para las grandes óperas del mundo. La próxima, Turandot, será su vuelta al Teatro Real.  Fundador del Centro Watermill de Nueva York, invita a cerca de 200 artistas cada año: un crisol de razas y culturas con una puerta siempre abierta a la diferencia. 

Volví a ver a Bob Wilson, esta vez entre "bambalinas" pintando de luz el escenario del Teatro Real. En una posterior cena se produce nuestra conversación guiada por el silencio.

Nace en Waco, Tejas. ¿Cuáles son sus raíces?

Crecí en una comunidad con prejuicios raciales, muy conservadora y siempre sentí que algo no iba bien. Desde temprana edad, por instinto, quería luchar por la justicia social. En los años 50 ni siquiera se me permitía caminar por la calle con un hombre negro. Tuve una conexión profunda con los afroamericanos. Cuando era un adolescente, era el único chico blanco que asistía a ver jugar al fútbol y a los servicio religioso de negros. No era religioso pero siempre tuve un sentido espiritual. Supe enseguida que quería promover la justicia social y de alguna manera dar visibilidad a la opresión contra los negros. Uno de los grandes momentos del siglo XX es cuando Martin Luther King dice "Tengo un sueño". En mi país, los afroamericanos eran una raza oprimida, golpeada, esclavizada y encadenada. Solo se les permitía leer un libro: la Biblia. Si volvieramos a las raíces de la música estadounidense, regresaríamos a la espiritualidad afroamericana. Desde el siglo XVII no hay una sola canción sobre la protesta; se trata de la esperanza porque está basada en la Biblia. Todo esto está profundamente arraigado en mí.

¿Cuál sería un momento inolvidable en sus 50 largos años de carrera en el teatro?

Uno de los momentos más bellos de mi carrera fue con Jessye Norman, una gran cantante de ópera. Fue poco después del 11 de septiembre cuando tuvimos un gran éxito en París. Una tarde me llamó y me dijo que no podía cantar porque estaba segura de que lloraría durante el recital. Pero yo le dije que debía hacerlo, que debíamos escuchar su voz. Al final, comenzó a cantar y después de 34 canciones de Schubert, empezó a llorar y las lágrimas corrían por su rostro. Se quedó como una reina Nubia hasta que dejó de llorar. Permaneció allí en silencio durante 10 minutos mientras el público lloraba. Lo que sentía tan profundamente dentro de ella era incluso más hermoso que cuando estaba cantando. Una raza de personas golpeadas. Cuando vine a Nueva York desde Texas, vi personas negras sentadas en el metro, eran las más nobles. Así que eso es parte de mis raíces y realmente de donde parto.

En los años 60 adoptó a Raymon Andrews, un niño sordo de raza negra que la policía reprendía en la calle y que vivía hacinado con otras personas en un piso.

Cuando Raymond vino a vivir conmigo, no sabía ninguna palabra. Tuve que enseñarle. Él era muy inteligente. Tenía una afinada capacidad superior para percibir mejor los signos visuales que las señales. Si estuviera aquí, sentado con nosotros, se daría cuenta de cosas que yo simplemente no percibiría. 

¿Ha adoptado más niños?

Adopté 3 niños: 2 niños y una niña. Mi pobre padre, no solo descubrió que su hijo es gay, sino que adoptó a un niño negro sordo. Mi padre era un hombre religioso. Dijo que si tienes éxito en la vida, debes devolver a la Tierra lo que se te ha dado. Cuando tenía 27 años comencé una fundación. Trabajaba en un restaurante italiano como camarero y daba un porcentaje alto de mis ingresos a otras personas.  

En 1971, recibió el reconocimiento internacional por su ópera Deafman Glance, una ópera silenciosa de más de 7 horas creada en colaboración con su hijo Raymond. ¿Se puede percibir música en la ausencia de sonido?

Los franceses llamaron a mi obra "una ópera silenciosa". Fue en cierto modo silencios estructurados. Fue la mayor sorpresa de mi vida porque entonces odiaba la ópera y el teatro y, sin embargo, había realizado una obra que duró 7 horas en silencio. Se suponía que debíamos hacer solo dos interpretaciones, pero representamos la obra durante cinco meses y medio frente a una audiencia de 2.200 personas cada noche. Mi carrera quedó más o menos consolidada después de eso.

 

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Deafman Glance. By Robert Wilson

 

¿Cuándo era niño qué quería ser de mayor?

Tenía 6 años de edad y asistía a clase en una escuela pública mientras la maestra recorría la clase preguntando a cada niño: ¿Qué quieres ser cuando seas mayor? Joe le dijo que bombero, Sally dijo que maestra de escuela, Bill le dijo que médico y cuando me tocó a mí el turno yo le dije: El Rey de España.

¡Ese es el título de una de sus obras!

Sí, en efecto.

A mediados de los años 60 es cuando se mudó a Nueva York y con un grupo de artistas, como Philip Glass o Tricia Brown entre otros, forman una comunidad que empieza a realizar performance en los techos, en los callejones o en las iglesias. ¿Qué tipo de performance hacían?

Hacíamos eventos que se llamaban sucesos, ”happenings”. Lo especial de este tipo de actuación era que sucedía solo en una noche y nunca volvería a ocurrir. Eso era lo que lo hacía tan especial. Lincoln Kirstein, quien creó el Ballet de la ciudad de Nueva York, dijo que la danza moderna no tendría tradición. Fue un shock en ese momento. Hice una obra que duró 7 horas y que nunca volvería a suceder. Después de eso, en 1972, Michel Guy me encargó una obra de teatro de 24 horas. Luego, en Irán, Farah Diba preguntó si podíamos traer "Deafman Glance". Ella dijo que le gustaría encargar un trabajo que se hiciera en una sola actuación de 7 días, de manera continua para que nadie pudiera verlo todo. Mi idea en ese momento era que el teatro podía ser como mirar por la ventana. La luz cambiaría, iría desde la mañana hasta el mediodía, etc., siempre sucedería algo, como en la naturaleza. Esos fueron los primeros años de mi trabajo, hice una obra de 7 horas, una de 12 horas y otra de 24 horas, y el último fue de 7 días.

¿Cómo fue su experiencia en Irán?

Habíamos estado tocando en todo el mundo y la última actuación fue en Shiraz. Shahbanu Farah Diba, venía a mirar. Decidí incorporar a Christopher Knowles, un niño autista, en la actuación, y le expliqué que la Primera Dama del país iba a estar allí. No entendió como había pasado 11 años en una institución mental. Le pedí que hiciera algo especial esa noche. Me preguntó cuánto tiempo debería ser y le dije que 10 minutos. Se levantó en el escenario y repitió la palabra "grabadora" durante 10 minutos. Tenía lágrimas en los ojos. Todos estaban ansiosos y nerviosos, y se fueron sin aplaudir. Cuando salió del escenario, el joven de 15 años me dijo: "¿A quién le importa que tu mente sea tan suave?" No lo dijo con ira o desafío, sino porque había entendido la situación. Comprendió que la gente estaba muy incómoda con lo que había hecho. Era como si hubiera hecho un dibujo de Agnes Martin. Sabía quién era y qué estaba haciendo. Por eso es por lo que yo soy artista.

 

Rosa Parks, de raza negra, símbolo de los derechos civiles en Estados Unidos, se negó en 1955 a sentarse en la parte trasera del autobús e incitó al pastor Martin Luther King a organizar protestas contra la segregación racial. Se ha interesado por su casa. ¿Qué significado tiene para usted? 

La casa de Rosa Park es un símbolo de justicia social. Lo ideal sería que estuviera frente a la biblioteca de Barack Obama, pero podemos colocarla como telón de fondo en cualquier lugar. Quiero que se vea en todo el mundo, que personas que comparten valores y puntos de vista diferentes puedan presentar eventos frente a ella. No creo que su función sea estar necesariamente en un museo.

En algunos temas estamos asistiendo a un giro ético en nuestra sociedad. ¿Cree que ha habido un progreso significativo en las áreas más importantes de los derechos civiles en los Estados Unidos?

Está cambiando lentamente y eventualmente cambiará. Siempre soy optimista. Mire lo que sucedió en las recientes elecciones, cada vez hay más mujeres y personas de color/afroamericánas elegidas y mire lo que ha pasado en Maine. Va a ser lento pero está sucediendo. ¿Quién creería que los derechos de los homosexuales estarían donde están hoy?

En 2005 se mostraron 24 video-retratos suyos en el MoMA de Nueva York. Entre ellos, de la Princesa Carolina de Mónaco o Mikhael Baryshnikov. ¿Por qué esa inclinación por ralentizar el tiempo, tan característico de su obra?

Lo más difícil de hacer para un artista es pararse en el escenario. Es fácil saltar, pero ¿puedes quedarte quieto durante 10 minutos? Si vas a una escuela en los Estados Unidos, verás que no pierden el tiempo enseñando esto. Sin embargo, si vas a una escuela de teatro del Este, por ejemplo, Japón, aprendes a pararte en el escenario cuando tienes 3 o 4 años. Para los japoneses, la posición es poder. La quietud siempre ha sido parte de mi vocabulario. Ezra Pound dijo que la cuarta dimensión es la quietud y el poder de una bestia salvaje.  

¿Y el tiempo?

Para mí, el tiempo es algo intelectual. Dicen que la gente se mueve lentamente en mis producciones. Si no pienso en ello y me muevo más lento de lo que normalmente lo hago, todo continúa, toda la energía del mundo está ahí. El tiempo no es un concepto. Es muy complejo.

Sus escenografías con luz son como una pintura.

Mire, cuando era muy joven, hice mi primera y segunda obra en Spoleto, Italia y Luchino Visconti vino detrás del escenario y me dijo que mi iluminación era magistral. Lloré como un bebé. Le pregunté si podía verle trabajar al día siguiente. Estaba pintando con luz. Lo observé durante tres horas. Fue una confirmación para el resto de mi vida. Uno podría pintar el escenario con luz. En ese momento tenía mi edad, era a mediados de los 70. Hoy no hay casi nadie que haga eso; Todo es luz de televisión. Es imperceptible.

 

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The Life and Death of Marina Abramović. Robert Wilson

 

Entró por la puerta grande en el Museo Louvre con su exposición "Living Rooms" (2013). ¿Cuál es su opinión sobre la controversia de incluir nuevas prácticas artísticas en las grandes pinacotecas de discurso hegemónico?

Los artistas de nuestro tiempo son a menudo mal entendidos. Se les llama vanguardistas. Sin embargo, en mi opinión, la vanguardia está redescubriendo a los clásicos. Sócrates dijo que un bebé nace conociéndolo todo. Es el descubrimiento de ese conocimiento nuestro proceso de aprendizaje. Para mí, ese descubrimiento del conocimiento son los clásicos.

Dijo: "El lenguaje es la barrera de la imaginación" 

El lenguaje puede ser un gesto, una luz. Las palabras pueden liberarnos del pensamiento, pero las palabras también pueden limitar. La razón para trabajar como artista es muy simple, es preguntarse siempre ¿qué es? Y nunca digas lo que es. Porque si sabes lo que es, no hay razón para hacerlo.

¿Está usted recitando?

Sí, es Hamlet de Shakespeare. Puedo recitarlo cada noche pero cada vez será diferente. Nunca será lo mismo. Esos momentos en el tiempo nunca volverán a suceder. Lo único que es constante es el cambio.

Pasa lo mismo con las palabras. Lo que sucede en el sonido de una palabra es muy complejo, es como una roca. Si lo rompes, está lleno de muchas energías. Romeo dice "te amo", yo puedo decir "quiero matarte". Cada segundo de lo que sucede es tan complicado que es mejor que nos olvidemos de él. En el teatro formal te da tiempo para reflexionar, tiempo para pensar. Tal vez esa es una de las razones por las que odiaba trabajar en un teatro. Sentí que todo era demasiado opresivo.

 

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Robert Wilson y Elena Cué durante la entrevista.

 

 

- Entrevista a Robert Wilson -                                    - Alejandra de Argos -

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El Coliseo, máquina de poder

Mon, 19/11/2018 - 21:53

Rosella Rea, directora del Coliseo, acompaña a ABC Cultural en una visita excepcional por algunas de las zonas cerradas al público y recién restauradas de este prodigioso monumento. Ya en Madrid consultamos con Rafael Moneo. “Debemos cerrar los ojos e imaginar esta galería... Los arqueólogos han encontrado zonas estucadas en color y muchos frescos. Ahora sabemos que el interior del Coliseo era rojo. Sólo el exterior era claro, del color del travertino. La arquitectura antigua estaba siempre pintada en colores vivos, al olvidarnos de ello nos alejamos de la realidad”, indica la doctora Rea, mientras paseamos por esta galería que empezó a ser restaurada en 2012 -gracias a Tod’s, la empresa que con 25 millones de euros, está financiando la restauración del edificio- y se ha terminado ahora; es un lugar absolutamente cerrado al público.

Autor Colaborador: Marina Valcárcel
Licenciada en historia del Arte
 Marina

 

 

 

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Rosella Rea, directora del Coliseo, acompaña a ABC Cultural en una visita excepcional por algunas de las zonas cerradas al público y recién restauradas de este prodigioso monumento. Ya en Madrid consultamos con Rafael Moneo.


“Debemos cerrar los ojos e imaginar esta galería... Los arqueólogos han encontrado zonas estucadas en color y muchos frescos. Ahora sabemos que el interior del Coliseo era rojo. Sólo el exterior era claro, del color del travertino. La arquitectura antigua estaba siempre pintada en colores vivos, al olvidarnos de ello nos alejamos de la realidad”, indica la doctora Rea, mientras paseamos por esta galería que empezó a ser restaurada en 2012 -gracias a Tod’s, la empresa que con 25 millones de euros, está financiando la restauración del edificio- y se ha terminado ahora; es un lugar absolutamente cerrado al público. “Estamos en las zonas altas del edificio, en una galería intermedia que conecta el tercer orden con el cuarto y el quinto. Estaba destinada a la plebe. Es la única galería cubierta conservada en su estado original, con sus frescos, grafittis e inscripciones antiguas.”

 

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Galería intermedia que conectaba el tercer orden con el cuarto y el quinto. Coliseo (Roma) Foto: Marina Valcárcel


En esta galería curva, angosta y con una cubierta baja, la muchedumbre se agolpaba entre antorchas, alguna ventana de luz cenital, gritos, olor a comida, mugre y letrinas para inyectarse la adrenalina pura de la sangre y la muerte del espectáculo que celebraba los cien días de fiestas que, en el año 82 d. C., inauguraban, gracias al emperador Tito, el Coliseo de Roma.

Robert Hughes insiste en que debemos abandonar la imagen virtual de las series y los videojuegos de una “Roma toda blanca”: en mármol blanco, columnas blancas, hombres vestidos con togas blancas y gestos graves. “La Roma de verdad era la Calcuta del Mediterráneo: atestada de gente, caótica y mugrienta”, escribe en su libro Roma.

 

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Vista del Coliseo desde el cuarto orden. Foto: Marina Valcárcel

 

Desde este punto se tiene, por su altura, la vista más impresionante del Coliseo. Observamos el descomunal esqueleto de esta bestia de piedra abierta en canal, con sus costillas de pasadizos subterráneos, sus arcadas lanzadas al cielo, los ojos oscuros y vacíos de sus vomitorios, la piel rugosa de su hormigón y su travertino cuajado de cicatrices negras, ese avispero de agujeros que fueron dejando las grapas metálicas de los bloques de piedra a medida que, con el tiempo, fueron arrancadas y fundidas.

Desde aquí el coloso resucita, se reviste de colores, de fuerza, de carne y vuelve al siglo I; 50.000 espectadores entran hasta el graderío. Ochenta puertas coronadas por 150 estatuas de bronce y 40 escudos dorados sobre el nivel más alto conmemoran las conquistas militares; los senadores y magistrados se sientan cerca de la arena, la plebe en los bancos de madera de las alturas, las mujeres y los esclavos en el último piso; el rumor del anfiteatro se convierte en rugido, el graderío se reviste de mármol y guirnaldas de flores. Sobre las ventanas del piso más alto, las vigas decoradas sujetan el velarium que se despliega movido por una unidad especial de marineros de la flota de Miseno cubriendo el anfiteatro de bandas de lona de vela de barco que preservan a los espectadores del sol y los riegan con vapor de agua, perfume y pétalos de rosa. El emperador, su familia, las vestales y las sacerdotisas romanas se sientan en el podium, por la Porta Triumphalis entra la comitiva: gladiadores, músicos y cazadores; enfrente, por la Porta Libitinaria, saldrán los cadaveres mutilados...

Las palabras de la directora del monumento cobran sentido: “Lo que impresiona al espectador no es tanto la visita en si como el hecho de estar aquí, vivir esta experiencia.”

 

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Vista desde el nivel quinto del Coliseo y el espolone. Foto: Marina Valcárcel


¿Cómo entender este secreto de ingeniería arquitectónica? El Anfiteatro Flavio, rematado en el año 80, alcanza una altura total de 52 metros; el eje mayor mide 188 metros y el menor 156. El área total ocupada por la arena es de 3.357 metros cuadrados. Los romanos contaban con la mano de obra de los esclavos, sin ellos no hubieran sido viables muchas de las construcciones megalíticas de la antigüedad, desde los egipcios hasta el imperio asirio, también en Roma. Pero, ¿cómo es posible construir en ocho años un monumento capaz de albergar a 73.000 personas sin las compactadoras mecánicas, las mezcladoras rotatorias o cualquiera de las herramientas motorizadas de hoy? ¿Quién inventa el sistema de rampas y pasadizos que permitían el alojo y desalojo del público en apenas 15 minutos? Este sistema de exactitud matemática es el que perdura hoy en la mayoría de los estadios de fútbol del mundo y, desde luego, en todas plazas de toros que salpican de pequeños anfiteatros la geografía de nuestro país. Los romanos toman tantas cosas del arte griego que a veces se les considera meros continuadores. Sin embargo, en arte tan importante es el que crea como el que transmite. Los romanos fagocitan la arquitectura y la escultura griegas, pero la dotan del don de la utilidad, la multiplican en su capacidad de ingeniería, técnica y, sobre todo, política. El arte romano se entiende mejor que nunca desde este punto del Coliseo: es una indescriptible máquina de propaganda del poder imperial. Y el engranaje de esta maquinaria se activaba por dos generadores, la innovación en los materiales arquitectónicos y la propia naturaleza de los espectáculos.


Arquitecturas irrepetibles


“El Coliseo, el Panteón, incluso alguna catedral gótica son piezas de la arquitectura del pasado que ningún arquitecto moderno se atrevería a construir hoy. De la misma manera que hoy sería difícil reproducir el templado de algunas espadas renacentistas, a pesar de que los aceros actuales tengan grandes propiedades”, nos hace ver estos días, desde su estudio, Rafael Moneo en una conversación sobre el Coliseo. “La arquitectura romana, en concreto el Coliseo, tiene esa fuerza de definición del todo, que en algunos momentos demanda la arquitectura con una condición rotunda y una dimensión inmensa. En ese aspecto, el Coliseo, a diferencia del Panteón, resuelve a un tiempo algo muy hermoso: el problema de forma y uso. Es una arquitectura que viene del teatro griego; teatro griego que no templo griego, porque entiende que los problemas de forma van ligados casi directamente al uso que tienen las cosas. En el caso del Coliseo todavía va más allá, con esa planta ligeramente ovalada, esas medidas determinadas y ese doble foco que tiene la elipse frente a la condición más estricta, más dura, del círculo”, añade Moneo.

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Vista interior del Coliseo, galería de acceso al graderío. Foto: Marina Valcárcel


La arquitectura romana era ante todo práctica. Cumplía con rigor militar su función propagandística: difundir pequeñas Romas a lo largo del imperio. Todas tendrían su foro, su basílica, su acueducto, su anfiteatro... “La historia de la civilización no se entiende sin Roma, sin el imperio y sin la Iglesia. Todo eso se ha convertido en arquitectura. La cultura se deposita en la arquitectura y esa es la lección de esa ciudad”, concluye Moneo.

Para ello, Roma se apoyó en dos descubrimientos revolucionarios: el hormigón y la difusión del ladrillo. La arquitectura griega estaba basada en la línea recta: pilares y dinteles rectos. El genio romano construye estructuras curvas. Esto no se podía hacer, al menos no en cualquier magnitud, en piedra tallada. Se necesitaba una sustancia plástica y maleable, y los romanos la hallaron en el hormigón. Con él levantaron acueductos, arcos, cúpulas y carreteras. Era el material del poder y la disciplina. Era fuerte y barato, lo que permitía construir estructuras muy grandes. Y el tamaño tenía un atractivo especial para los romanos a la hora de construir su imperio. Pero además, con la producción de ladrillos, los romanos llegaron a generar un material a un nivel casi preindustrial. Cada colonia del imperio tenía su fábrica de ladrillos, cada una con su peculiaridad local. “Era cómo las ánforas, cada ciudad tenía su tipología: las de la Bética eran panzudas y de boca estrecha, y así el aceite que llegaba desde Andalucía se reconocía del resto que llegaba desde otros puntos del imperio al puerto de Ostia”, explica la doctora Rea.

 

Sin autor conocido


No se sabe quien fue el arquitecto del Coliseo. Sólo podemos imaginarlo a través de ese cuadro de Alma Tadema en el que le representa como un hombre maduro, pensativo, que con la mano izquierda se aprieta la barbilla, mientras con la otra dibuja sobre la arena el primer boceto de un edificio descomunal. Es como si el pintor neerlandés hubiera querido honrar a la Arquitectura a través del dibujo que este artista imaginario presenta a Vespasiano y que parece contener en él todas las arquitecturas posteriores: desde San Petersburgo hasta el Capitolio en Washington; de magnificencia en magnificencia.
“La superposición de los órdenes clásicos en la fachada del Coliseo se convirtió en un motivo de inspiración para el arte constructivo del renacimiento. Todos los palacios posteriores vienen de ahí”, concluye la doctora Rea.

 

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Lawrence Alma-Tadema (1836-1912). El arquitecto del Coliseo.

 

Infierno subterráneo


Barbara Nazzaro, directora técnica del Coliseo acompaña a la doctora Rea, ambas nos sugieren despedir esta visita con un “descenso a los infiernos”. Los sótanos, a unos seis metros de profundidad, son un entramado de túneles de piedra ennegrecida, olor a humedad y agua que corre entre nuestros pies, allí recordamos la leyenda negra de Nerón, el emperador cuyo espectro parece habitar estas galerías. Nerón mandó edificar en este valle del Coliseo la piscina artificial de su Domus Aurea. Su suicidio en el año 68 y posterior damnatio memoriae, -una suerte de ley de antimemoria histórica- sólo sirvió para enterrar la residencia imperial. El emperador acabó dando su nombre a la bestia. Coliseo no significa edificio gigantesco, sino lugar del coloso: ese coloso era una estatua suya, de 35 metros, fundida en bronce que presidía el vestíbulo de ese prodigio de extravagancia de Nerón que fue su residencia.

 

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Reproducción de la estatua en bronce de Nerón para el vestíbulo de la Domus Aurea


Los sótanos son la maquinaria secreta que accionaba los espectáculos a gloria del emperador: representaciones totales con escenarios fastuosos, bosques artificiales y efectos especiales. Acogen desde la dársena que albergaba las embarcaciones para las naumaquias hasta los espectáculos de caza. Los animales exóticos deslumbraban al pueblo absorto ante la grandeza de su imperio: leones, panteras, leopardos, tigres y elefantes traídos de Africa; jabalíes, osos y ciervos de Alemania. Desde los corredores repletos de jaulas y por medio de unos montacargas, las fieras ascendían hasta la arena en intervalos de minutos. En este laberinto el hedor de los animales se mezclaba con el olor de los esclavos y el humo de las antorchas. En unos soportes de metal se ensartaban las vigas que sostenían los montacargas, estos funcionaban por un sistema de cabrestantes operados por esclavos. Al principio los ascensores eran 28: “Estamos hablando de que por entonces eran necesarias más de 200 personas para ponerlos en marcha”, precisa Rosella Rea. Más tarde se construyeron 32 montacargas más. Unas trampillas permitían el acceso de las fieras a la arena. Alrededor de un millón de animales salvajes se mataron en el Coliseo en el periodo en el que sirvió como lugar de entretenimiento de las masas, según Dion Casio. Las diferentes plantas que crecen hoy entre las piedras el Coliseo constituyen un legado de estos animales. Fueron ellos los que trajeron desde tierras lejanas estas semillas, y el Coliseo se fue poblando entre sus piedras de estas especies vegetales que prefirieron florecer en paz por todo el edificio.

 

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Reproducción de uno de los montacargas en los subterráneos del Coliseo Foto: Marina Valcárcel

 

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Dársena en el interior del Coliseo Foto: Marina Valcárcel

 

A partir de los siglos posteriores a la antigüedad y durante la Edad Media el anfiteatro, en cierto modo, era de quien se lo apropiaba: monjes que se instalaban y que venían de los conventos de los campos y viñedos cercanos, familias aristocráticas -como los Frangipani- que lo fortificaban, gente común que lo convertía en su refugio, en su negocio, en su casa, que comía, dormía o cocinaba allí. El coliseo no coincide con ninguna de las tipologías de edificio conocidas: no es un templo, ni un palacio, ni una iglesia. A medida que pasan los siglos esta indeterminación adoptó contornos diabólicos: será cantera para la construcción de otras iglesias -el travertino de su fachada se convierte las escaleras de San Pedro del Vaticano- o se verá repleta de edículos para el Vía Crucis o será soñada en los proyectos mentales de Bernini y Fontana que quisieron edificar Iglesias que crecieran de su arena, reavivando historias sobre el martirio.

 

“Quamdiu stat Colysaeus stat et Roma, quando cadet Colysaeum cadet et Roma, quando cadet et Roma cadet et mundus” (Mientras el Coloso siga en pie, Roma seguirá en pie: cuando caiga, caerá Roma: cuando caiga Roma, lo hará el mundo). Esta sentencia atribuída a Beda el Venerable (672-735) parece una profecía que reviste al monumento de una responsabilidad fundamental, situándolo como testimonio de la supervivencia de la historia, espejo de Roma, a su vez espejo del mundo.

 

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Puerta de acceso al Coliseo. Foto: Marina Valcárcel

 

 

 

- El Coliseo, máquina de poder -                        - Alejandra de Argos -

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En la gruta con el teutón. Anselm Kiefer en Barjac

Thu, 15/11/2018 - 15:31

Aterricé una soleada mañana de septiembre en Marsella. Y aunque el propósito de mi viaje era Barjac, no pude evitar desviarme ligeramente de mi ruta para visitar los viñedos del Chateau La Coste, una prodigiosa simbiosis de arquitectura, escultura y paisaje natural en la región francesa de Provenza. En el complejo artístico, me esperaba el comisario Daniel Kennedy para enseñarme la colección. Aquí se emplaza el Centro de Arte Tadao Ando, un edificio diseñado con los elementos característicos del artista: hormigón liso, líneas simples y modernas en sintonía con vestigios de la tradición japonesa, el agua o el dominio de la luz con un diseño arquitectónico en armonía con el entorno. Y una magnífica colección que cuenta con intervenciones en el paisaje de artistas como Louise Bourgeois, Alexander Calder, Suhimoto, Goldsworthy, Richard Serra, Frank Ghery o Jean Nouvel entre otros muchos.

 Autor: Elena Cué

 

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La Ribotte. Barjac. Anselm Kiefer. Foto: Elena Cué

 

Aterricé una soleada mañana de septiembre en Marsella. Y aunque el propósito de mi viaje era Barjac, no pude evitar desviarme ligeramente de mi ruta para visitar los viñedos del Chateau La Coste, una prodigiosa simbiosis de arquitectura, escultura y paisaje natural en la región francesa de Provenza. En el complejo artístico, me esperaba el comisario Daniel Kennedy para enseñarme la colección. Aquí se emplaza el Centro de Arte Tadao Ando, un edificio diseñado con los elementos característicos del artista: hormigón liso, líneas simples y modernas en sintonía con vestigios de la tradición japonesa, el agua o el dominio de la luz con un diseño arquitectónico en armonía con el entorno. Y una magnífica colección que cuenta con intervenciones en el paisaje de artistas como Louise Bourgeois, Alexander Calder, Suhimoto, Goldsworthy, Richard Serra, Frank Ghery o Jean Nouvel entre otros muchos.

 

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Maman. Louise Bourgeois. Chateau la Coste. Foto Elena Cué

 

Pero yo no venía a esto. El sentido de mi viaje era La Ribotte. Inmediatamente emprendí camino a Barjac, que era mi objetivo. ¿Y qué me atraía de esa pequeña localidad? La leyenda del teutón y su propia cosmogonía. Se trata de un espacio que consta de más de sesenta pabellones e invernaderos colmados por su obra y conectados entre sí por túneles bajo tierra, oquedades, puentes, criptas y un anfiteatro. Ha plantado árboles y vegetación, ha hecho caminos y cercados. El proyecto La Ribotte comenzó a ser construido bajo una idea abstracta del vacío, un vacío que debe ser llenado. 

En 1992, Anselm Kiefer se muda a Barjac, en el sur de Francia. En estas cuarenta hectáreas de tierra encontró, no sin ciertas dudas, el espacio para desarrollar su propio paraíso creativo. Una de las explanadas de este lugar está coronada por sus icónicas y enigmáticas torres: "Los Siete Palacios Celestiales" que hacen referencia al texto místico hebreo sobre la ascensión del hombre a través de la gradual pérdida material de su cuerpo y la ascendencia espiritual, hasta alcanzar el último palacio donde sólo su alma permanecerá. Estas torres apocalípticas simbolizarán la noción de creación y destrucción que caracteriza la obra de este artista, el cuál  me dice: "Destruyo lo que hago todo el tiempo. Luego pongo las partes destruidas en contenedores y espero la resurrección". 

 

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Los Siete Palacios Celestiales. Photo: Charles Duprat. (c) Anselm Kiefer

 

Este asombroso complejo artístico, que todavía no está abierto al público, ha sido escasamente visitado. Mi recorrido fue una sucesión de impresiones únicas que comienza al atardecer con la visita a la antigua fábrica de seda donde Anselm Kiefer y su eficiente asistente Waltreaud me esperan. De cara curtida, mirada viva e intensa el artista me anima con una sonrisa a empezar el recorrido. Y lo hacemos por los edificios más cercanos que se van visitando a través de caminos flanqueados por la vegetación propia de esta región. En ellos, se pueden descubrir esculturas con sus característicos libros de plomo, símbolo del conocimiento, reposando sobre grandes bloques de piedra, como si de repente fuese a surgir de ellos un brujo en un proceso alquímico que sucediera en la espesura del bosque. 

 

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 Anselm Kiefer. Barjac. Foto: Elena Cué

 

El primer impacto es un invernadero copado por un avión de plomo como salido de la II Guerra Mundial, del que surgen girasoles secos. Los cultiva aquí con semillas importadas de Japón que crecen siete metros. Como si de un laboratorio se tratara, en este lugar también cultiva tulipanes y otros productos que utilizará como materiales posteriormente en sus obras. Estos espacios dedicados a una sola obra cobran un mayor impacto. Los siguientes pabellones e invernaderos contienen instalaciones, pinturas o esculturas que giran en torno al Holocausto. La infancia de Kiefer estuvo marcada por un silencio sobre lo ocurrido: "Cuando era pequeño, el Holocausto no existía. Nadie habló de eso en los años 60". Sintió que había algo escondido y cuando lo descubrió me comenta el artista: "Estaba tan impresionado por Hitler que empecé a estudiar el Holocausto. Yo quería saber de qué se trataba. Lo que sucedió en esos momentos es tan horrible que es difícil de imaginar". Este será un tema vital en su obra.

En las fuentes del Danubio, en la Selva Negra, en la ciudad de Donaueschingen, nace en 1945 en una Alemania devastada, Anselm Kiefer, uno de los artistas más prominentes de nuestro tiempo. Mientras su madre le daba a luz en el sótano de un hospital, su hogar volaba por los aires y caía hecho pedazos como consecuencia de las bombas de los aliados. Hijo de un oficial de la Wehrmacht, su infancia estuvo marcada por el autoritarismo de su padre y una férrea educación católica.

Crecer sobre las ruinas de una Alemania destruida y deseosa de borrar un pasado trágico, hizo despertar en Kiefer un profundo interés por conocer el judaísmo y un acontecimiento que se alzará como prototipo del mal, el genocidio nazi. Esta catástrofe infinita, irrepresentable por la incapacidad de imaginar algo tan terriblemente desmesurado, se convertirá en el eje central ético de su estética. 

Después de una hora escasa de visita, regresé a la casa principal. En un espacio blanco, rectangular, de grandiosas dimensiones, el vacío sólo se llenaba por un sofá de lino también blanco, unas cortinas que escondían una cama y en el otro extremo, una cocina industrial con una gran mesa de madera rústica.  Enseguida, me uní con los demás a una cena que se prolongaría durante cinco horas. El artista habló sobre la sensación que le produce ver sus pinturas en retrospectiva, una percepción de que la obra nunca se termina. En sus digresiones, también habló sobre la dificultad de trasladar su obra Plan Morgenthau desde La Ribotte. Esta instalación, que ocupa otro de los pabellones, es una concepción metafórica del programa que se pensó como alternativa, poco antes del final de la II Guerra Mundial, por el Secretario de Estado del Tesoro de los Estados Unidos, Henry Morgenthau. Este plan consistía en la destrucción de la industria alemana y su posterior transformación en un país agropecuario. En ella Kiefer explora este paisaje rural: surgen las flores de la devastación. Un plan que Anselm Kiefer considera sobre todo propaganda: "Sabes, ayudaron a Hitler con este plan. Calculaban que morirían de hambre entre 10 o 15 millones de personas. Y Roosevelt no quería esto. Hitler escuchó a Goebbels y para ellos fue un regalo; tendrían argumentos para mantener el estado alemán advirtiendo a los alemanes de lo que les pasaría si no luchaban. Hace poco vi también algo sobre el Plan Marshall y todo esto era propaganda, ¿lo sabías?"...

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Plan Morgenthau. Barjac. Anselm Kiefer Foto: Charles Duprat. (c) Anselm Kiefer

 

La conversación se prolongó tanto que se hizo tarde y me invitaron a quedarme a dormir. La habitación, en consonancia con el lugar, era descomunal, un espacio intimidatorio tanto por sus dimensiones como por la austeridad de su decoración esencial. A la mañana siguiente recorrimos una suerte de catacumbas que se conectan entre sí como un rizoma con los pabellones de la superficie. Antes de adentrarme bajo tierra entré en el anfiteatro, el edificio central de La Ribotte, mientras el artista me decía: "El anfiteatro se desarrolló de la misma manera que una pintura. Tenía una gran pared donde están todas las pinturas grandes, y pensé, ¿por qué no tener una pequeña gruta dentro? Entonces, cogí contenedores que fuí cubriendolos de cemento líquido y los pusimos juntos. Era solo para tener un nicho en esta gran pared. Luego, continuamos con un piso, el siguiente, etc., y siguió funcionando como un dibujo. No se sabe dónde llegará...". Esta construcción, que alcanza 15 metros de altura, cuenta con diferentes instalaciones en los cuartos que albergan estos contenedores. En uno de ellos, del techo colgaban carretes de películas hechos de tiras de plomo con fotografías tomadas por el artista hace treinta años. 

 

  Amphitheatre Barjac 

Anfiteatro. Barjac. Anselm Kiefer. Foto: Charles Duprat. (c) Anselm Kiefer

 

Allí comenzaba una ruta subterránea por algo que podría recordar a un queso Gruyère de piedra. La primera parada me sobrecogió. Accediendo por una estrecha gruta, uno se enfrenta a una perturbadora habitación con las paredes recubiertas de plomo: con la base cubierta de agua y con el techo del que sólo se percibía un cable que terminaba en una bombilla. Kiefer me contó que fue la primera habitación que hizo y me preguntó con curiosidad, cuál fue mi experiencia con su acústica. Le contesté que no pude experimentar su sonido. Me quedé muda.

 

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Habitación de plomo. Anselm Kiefer. Foto: Charles Duprat. (c) Anselm Kiefer

 

A través de las grutas, las percepciones cambian, el autor desaparece, somos trasladados a otro tiempo, a otro espacio. Por sus corredores podemos viajar hasta el Paleolítico, a la antigua Grecia de las tragedias, al tiempo de Jesucristo o a Auschwitz. Y llegamos a otra impactante  habitación: Mujeres de la Revolución, dieciseis camas de plomo con charcos de agua estancada en la superficie a modo de piel. Era la frontera entre lo interior y lo exterior femenino que el artista utiliza como una metáfora del gran poder interno de las mujeres frente a los alardes masculinos. Esta habitación está coronada por un panel central, también de plomo, con su imagen en un paisaje que recuerda a El caminante sobre el mar de nubes del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich. Nos traían a la mente el concepto kantiano de lo sublime y la incapacidad de la imaginación para ponerse a la medida de algo tan desmesurado y completamente excepcional.

  Les femmes de la Révolution Barjac 

Las mujeres de la Revolución. Anselm Kiefer. Foto: Charles Duprat. (c) Anselm Kiefer

 

Una vez terminada la visita volví para entrevistarme con el artista, aún más abrumada por mi experiencia. Terminamos con un almuerzo donde pude constatar el interés de Anselm Kiefer por la ciencia. Habló con gran admiración del científico español Luis Alvarez- Gaume y sus teleportaciones de partículas de luz a decenas de kilómetros de distancia. "Se llama teleportación. Nos pasó a mí y a mi abuela. Solíamos tener el mismo pensamiento al mismo tiempo".

Recordamos a Kant: "Todas las menciones de lo sublime tienen en sí más hechizos que el fantasmagórico encanto de lo bello"

 

 

 

- En la gruta con el teutón. Anselm Kiefer en Barjac -                                    - Alejandra de Argos -

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Cold War, una película de Pawel Pawlokowski

Sun, 04/11/2018 - 12:32

Cold War es una poderosa historia de encuentros y desencuentros donde el amor no consigue un lugar para descansar. De manera magistral y con muchos de los recursos que ya utilizó en Ida (2013), Pawel Pawilkowski vuelve a su Polonia natal para dirigir la realidad de un mundo muy personal. La cinta rodada en blanco y negro y en un formato cuadrado está ambientada en los años cincuenta, donde el color no tenía cabida, todo era demasiado gris. Pawilkowski trabaja con pocos actores para centrar la narración de forma muy precisa en el trasfondo psicológico emocional de los protagonistas y en un contexto histórico que actúa como un personaje más. La bondad y sensibilidad del personaje femenino, Zula, (Joanna Kuling), se pierde en una negatividad destructiva incapaz de resolver una existencia sin futuro en una constante agresión hacia sí misma.

Autor colaborador: Maira Herrero, 
Master en Filosofía.

Maira

 

 

 

 

 

 Cold War 

 

Cold War es una poderosa historia de encuentros y desencuentros donde el amor no consigue un lugar para descansar. De manera magistral y con muchos de los recursos que ya utilizó en Ida (2013), Pawel Pawilkowski vuelve a su Polonia natal para dirigir la realidad de un mundo muy personal. La cinta rodada en blanco y negro y en un formato cuadrado está ambientada en los años cincuenta, donde el color no tenía cabida, todo era demasiado gris. Pawilkowski trabaja con pocos actores para centrar la narración de forma muy precisa en el trasfondo psicológico emocional de los protagonistas y en un contexto histórico que actúa como un personaje más. La bondad y sensibilidad del personaje femenino, Zula, (Joanna Kuling), se pierde en una negatividad destructiva incapaz de resolver una existencia sin futuro en una constante agresión hacia sí misma. Kulling ya había trabajado con Pawilkowski y resuelve con brillantez los múltiples registros que posee el personaje. Tomasz Kot, Wiktor el protagonista masculino lucha y trata de romper las cadenas que le atan al realismo social, en el que está imbuido, a través del amor y la música, pero su esfuerzo es estéril. La música como elemento salvador y unificador de la conciencia colectiva de un pueblo se revela cómo un arma de doble filo que engaña a muchos y crea falsas expectativas de libertad a otros. Es un sueño en tecnicolor del que se despiertan cada mañana para reconocerse en una realidad en blanco y negro. A ellos se unen dos personajes secundarios pero fundamentales para volver a contraponer dos mundos, el del arribista sin escrúpulos y el de la intelectual que no está dispuesta a pasar por todo.

 

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Pawilkowski juega con la fotografía para convertir cada plano en una imagen llena de contenido y plagada de signos que se van enlazando según avanza la narración. Las películas de Pawilkowski son tan visuales que el guion es un simple mapa que ayuda a no desviarse más de lo necesario del camino inicial.

Ética y estética se van entrelazando en una combinación de elementos que se funden en estados de ánimo más espirituales que sentimentales, que ocultan la realidad más perentoria y muestra la contingencia de nuestro ser espacial. ¿Por qué una pequeña ciudad de provincia polaca y no Paris?, ¿por qué la música regional y no el Jazz?. El lugar desde donde se mira el mundo marca la manera de enfrentarse a la propia existencia y la incapacidad de poderlo cambiar, esto es lo que finalmente parecen asumir Wiktor y Zula en un último acto de libertad del que ni nadie les puede privar.

Toda la película es una meditación, donde no hay que explicar nada, el buen cine no lo necesita. 

 

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- Cold War, una película de Pawel Pawlokowski -                        - Alejandra de Argos -

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Una imagen invisible: la tumba del nadador

Wed, 24/10/2018 - 08:56

Este podría ser el principio de una novela: Poseidonia, siglo V a.C, la tragedia cae sobre una familia de la aristocracia local. El cuerpo de su único hijo, iniciado en los ritos órficos, vuelve muerto de la guerra de Síbaris. La madre cubre los ojos de su hijo con las primeras rosas de Poseidonia, a las que canta Virgilio por su perfume y su doble floración. Después, la madre coloca la lira de caja de concha del hijo músico sobre su pecho. El padre sale al amanecer a encargar, fuera de las murallas, la sepultura más rica para el hijo. Busca los mejores pintores, aquellos capaces de crear las escenas más conmovedoras... Este artículo aborda la historia de una sepultura. Un elemento tan intrínseco de la condición humana como nuestra propia mortalidad. Una tumba era -entonces y posiblemente hoy- un lugar sagrado.

Autor Colaborador: Marina Valcárcel
Licenciada en historia del Arte
 Marina

 

 

 

 

  Tumba nadador 

 

Se cumplen 50 años del descubrimiento de esta tumba enigmática. Exhibida en el museo de Paestum (Campania, Italia) su director, el arqueólogo Gabriel Zuchtriegel, de 37 años -otro director alemán para un museo italiano- dirige, en este final de 2018, las exposiciones que celebran esta efeméride.

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Este podría ser el principio de una novela: Poseidonia, siglo V a.C, la tragedia cae sobre una familia de la aristocracia local. El cuerpo de su único hijo, iniciado en los ritos órficos, vuelve muerto de la guerra de Síbaris. La madre cubre los ojos de su hijo con las primeras rosas de Poseidonia, a las que canta Virgilio por su perfume y su doble floración. Después, la madre coloca la lira de caja de concha del hijo músico sobre su pecho. El padre sale al amanecer a encargar, fuera de las murallas, la sepultura más rica para el hijo. Busca los mejores pintores, aquellos capaces de crear las escenas más conmovedoras... Este artículo aborda la historia de una sepultura. Un elemento tan intrínseco de la condición humana como nuestra propia mortalidad.

Una tumba era -entonces y posiblemente hoy- un lugar sagrado. Entre los iniciados en los misterios órficos, en ella se producía la transmutación de la muerte hacia la resurrección, el momento en que el alma se liberaba del cuerpo. Y para ello necesitaba un lugar perfecto. ¿Por qué en las tumbas egipcias se concentra toda esa magnificencia, esa condensación artística? ¿Por qué la perfección se encierra y se oculta? Porque en ellas se producía un misterio.

En la Grecia antigua, no en su vertiente de creencia olímpica, sino en tanto que partícipe de las religiones de los misterios, la tumba se convierte también en lugar sagrado. Eran una suerte de magníficas cápsulas del tiempo, decoradas hasta rozar la perfección, el habitáculo que llevaba al viaje hacia otro estado.

El 13 de junio de 1968 el arqueólogo italiano Mario Napoli excava una pequeña necrópolis a un kilómetro y medio al sur de la ciudad de Paestum -antigua ciudad griega de Poseidonia- al sur de Italia, sobre el golfo de Salerno. Al caer la tarde, trabaja sobre una cuarta tumba que finalmente es liberada de la tierra y aparece sorprendentemente intacta. Con la caída del sol, se abre la caja. Después de 2.500 años de tinieblas, la luz vuelve a inundar el interior de ese sepulcro, devolviendo a la vida unas pinturas asombrosas.

 

Nadador

 

Losas de La Tumba del nadador en su situación original

 

Los cuatro lados y la parte superior del sepulcro están hechos de cinco losas de piedra caliza local, mientras que la base está excavada en el suelo. Las losas están unidas con precisión y forman una cámara del tamaño de un hombre adulto. Las losas están pintadas al fresco. También está pintada la losa del techo, algo singular. Mario Napoli ve por primera vez la escena que dará nombre a la tumba: un joven arrojándose hacia las ondeantes aguas de una corriente. Acaba de ser descubierta La tumba del nadador: el único ejemplo de pintura griega con escenas figurativas de las épocas orientalizante, arcaica o clásica que sobrevivió completa. Entre los miles de tumbas griegas conocidas en esta época (700 a 400 a. C.) ésta es la única decorada con frescos de escenas humanas. Es, en ese sentido, una tumba revolucionaria: la gran pintura de Zeuxis, Apeles y Parrasio sólo nos ha llegado través de las narraciones y los historiadores. Pero no la hemos visto: sólo existe de modo fragmentario y, desde luego, en la riqueza de las ánforas.

Dentro de la sepultura y cerca del cadáver -probablemente un hombre joven- hay dos objetos: el caparazón de una tortuga, base para la caja de resonancia de una lira cuya alma en madera acabó desintegrándose. Y un vaso griego; un lécito ático hecho con la técnica de figuras negras utilizada en torno al año 480 a.C., que ayudó a la datación de la tumba hacia el año 470 a.C.

Las escenas de las cuatro losas que rodean el cuerpo describen un simposio, el banquete tradicional de la Grecia antigua: hombres jóvenes con coronas vegetales, torso desnudo, reclinados sobre divanes festejan entre bailes, copas de vino, música de liras y escenas amorosas.

 

La tumba del nadador

La Tumba del nadador. Pared norte (detalle de escena del banquete)

 

Sin embargo, la escena de la losa del techo, aquella que quedaría enfrentada con la mirada del muerto, es la diana sobre la que se disparan las interpretaciones, aún hoy sin respuesta. La que condensa el misterio y los ríos de tinta en investigaciones arqueológicas: losa orlada por una cinta en negro, con palmetas en las esquinas. En el centro, un hombre desnudo suspendido en el aire, salta al agua de un río. A la derecha, en lo que sería el trampolín, hay tres columnas hechas de pilares de piedra. A los lados del agua se ven dos árboles esquemáticos. Y después, nada. Fondo blanco.

 

Tumba nadador

La Tumba del nadador. Losa que cubría la sepultura

 

En la Grecia antigua ni nadar ni tirarse al agua formaban parte de las actividades de la élite. El nadador de esta tumba, aislado contra el cielo, simboliza -todas las hipótesis siguen abiertas- la intensidad del momento de la muerte. Este hombre y su salto son la metáfora visual de la transición de la vida terrena a la eternidad.

En esta época Grecia vivía en la tradición de su creencia olímpica, con sus dioses aburridos en un monte casi perfecto, carentes de necesidades terrenales y que, para entretenerse, jugaban y torturaban a los mortales. Para ellos la visión de la vida tras la muerte era sumamente pesimista. Las almas de los mortales, sin distinción, sin juicio previo por su vida anterior, estaban condenadas al Hades, un lugar lúgubre en el que malvivían celosas de los vivos.

Sin embargo, en la época en la que se construye esta sepultura se difunden como por capilaridad en la vida cotidiana de las ciudades de la Magna Grecia nuevas ideas de otros ritos llegados de oriente: son, entre otros, los cultos mistéricos u órficos. Ritos ocultos que se basaban en la esperanza de algún tipo de vida después de la muerte. En la propagación del pitagorismo y el orfismo sólo aquellos que habían sido iniciados a través de una serie de ritos secretos podían alcanzar esta esperanza ultraterrenal.

Y es precisamente este aspecto el que hace excepcional a nuestra tumba: el mensaje metafísico al que llega a través del lenguaje visual. Porque en el caso de La Tumba del Nadador, las pinturas parecen describir el ritual mistérico central de sus prácticas religiosas. Estas prácticas consistían en un banquete en el que, mediante estímulos orgiásticos, se provocaba en los participantes un estado de exaltación y de entusiasmo místico. En ese estado se rememoraba la pasión del dios Dionisos y su presencia en un animal que era desgarrado, comida su carne y bebida su sangre por los participantes en el banquete ritual. El intenso entusiasmo alcanzado permitía sentir la fuerza del alma dentro del cuerpo, y esta experiencia anticipaba la vivencia de su liberación, que de forma completa sólo se produciría con la muerte, cuando el alma abandonara finalmente al cuerpo.

Una pincelada: vida tras la muerte propagada en Grecia cinco siglos antes del nacimiento de Cristo en Belén de Judea. He aquí un temprano precedente del cristianismo que parece una réplica de la religión cristiana proyectada hacia atrás.

Se cree que nuestro joven, muerto prematuramente, sería un iniciado en estos ritos. En su tumba, la imagen de la muerte como pasaje rápido a través de las aguas, quedaría sobre él. Y su cuerpo sería rodeado por la escena de un banquete que nunca acabaría y en que él participaría con su lira y sus amigos músicos.

Pero, ¿quién era el joven enterrado? ¿Qué vida tendría? ¿Cómo contratarían sus padres la construcción de su tumba? ¿Cómo serían aquellos dos artistas que la pintaron? ¿Qué hicieron al fin con el cuerpo de su hijo en los días en los que para aquella tumba sus losas de piedra eran rasgadas, enyesadas, secadas, delineadas primero con un buril y luego completadas con colores vivos? Y de nuevo, ¿por qué se pinta una tumba magnífica para ser vista en el instante preciso del enterramiento, para ser inmediatamente sellada y después no ser vista nunca más?

Una imagen invisible

Una imagen invisible es un desafío. ¿Qué ocurre cuando una imagen pintada hace 2.500 años para no ser vista jamás irrumpe de golpe hoy, en medio de nuestra cultura clásica, para la cual ser comprensible equivale a ser visible?

Pensamos en otras imágenes con mensajes encriptados de la historia del arte, desde el Cuadrado negro sobre fondo blanco de Malevich, hasta los misteriosos frescos románicos de San Baudelio de Berlanga. Desde los búfalos de Altamira o las inscripciones de las primeras catacumbas cristianas hasta Banksy.

Quizá la incógnita de La Tumba del nadador no sea tanto la imposibilidad de alcanzar su significado sino más bien el tratar de hacernos conscientes del poder de la ambigüedad intrínseca de una imagen.

Los templos de Paestum y La tumba del nadador

Estos días de octubre la pradera que rodea los templos de Paestum está vacía de visitantes y llena de rosas de otoño. Los tres templos dóricos aparecen erguidos y severos, en su piedra dorada de Campania, a unos 90 kms de Nápoles y de la sombra del Vesuvio. El Templo de Neptuno (460 a.C), llamado así por equivocada atribución a la divinidad protectora de Poseidonia, es, para muchos académicos, el templo mejor conservado de la civilización griega. No resulta fácil transmitir el poder que ejerce la visión de su frontón, carente de cualquier decoración, carente -incluso- de los agujeros para las grapas que permitieran imaginar alguna escultura colgada de su tímpano, nada que ver con el Partenón y las figura de Fidias, sus caballos, sus guerreros... Este templo fue concebido desnudo y severo. También en sus triglifos, en sus metopas. Ninguna amazona. La tensión es ejercida exclusivamente por la monumentalidad, por la magia de sus proporciones, por su segundo orden de columnas intacto, con sus fustes acanalados altos como bosques y por su orientación hacia el este.

Templo de Neptuno. Paestum

En el siglo VIII a. C. los griegos navegan por el Mar Tirreno hacia las regiones mineras de la costa de Etruria para comprar metales. Se instalan cerca de Ischia y empiezan así el movimiento colonizador. Los navegantes de la ciudad de Sibaris fundaron alrededor del 600 a.C la colonia de Poseidonia como uno de los puntos septentrionales de la Magna Grecia. Después fue conquistada por los lucanos y finalmente, cayó en 273 a.C. bajo el poder de Roma que la rebautizó Paestum. El descubrimiento de Paestum se produjo en 1752 cuando el rey Carlos VII (futuro Carlos III de España) ordena la construcción de una carretera cuyo trazado atravesaba la ciudad. A partir de entonces los intelectuales europeos del Grand Tour, asombrados por la conservación de los templos, la convirtieron en el máximo referente de la arquitectura clásica antes de la entrada de Atenas en el circuito cultural europeo. Fue precisamente en Paestum donde la arquitectura griega alcanzó la supremacía sobre la romana, donde los griegos recuperaron la “tiranía” sobre los europeos enamorados ya de sus monumentos. Winckelmann (1758), Piranesi (1777), Goethe (1787), John Soane (1779) y casi todos los grandes arquitectos de la época vinieron hasta aquí para ver, estudiar y medir los templos dóricos más puros. En 1758, el arquitecto del Panteón de Paris, Jacques-Germain Soufflot, se inspira para su construcción en los templos de Paestum poniendo de moda en Francia el estilo neoclásico que sustituiría al barroco.

 

Museo Arqueológico Nacional de Paestum

Vía Magna Graecia, 918

Paestum

Italia

 

- Una imagen invisible: la tumba del nadador -                                    - Alejandra de Argos -

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Entrevista a Anselm Kiefer

Sun, 07/10/2018 - 09:21

Con la claridad previa al anochecer empieza mi recorrido por La Ribotte, casi 40 hectareas construidas en la población francesa de Barjac por el artista alemán Anselm Kiefer (1945), que concluirá al atardecer del día siguiente sin haber logrado visitar todos los estudios, torres, túneles por aire y tierra, criptas en continua transformación, un anfiteatro y caminos sembrados de esculturas que conforman este imponente lugar. Un espacio que conmueve por su grandeza, por lo ilimitado del espacio, por su misterio estremecedor.  Anselm Kiefer es uno de los artistas más relevantes de nuestro tiempo. El anfiteatro se desarrolló de la misma manera que una pintura. Tenía una inmensa pared donde están todas las pinturas grandes, y pensé, ¿por qué no tener una pequeña gruta dentro?

 Autor: Elena Cué

 

  IMG 9032 

Fotografia: Waltraud Forelli

 

Con la claridad previa al anochecer empieza mi recorrido por La Ribotte, casi 40 hectareas construidas en la población francesa de Barjac por el artista alemán Anselm Kiefer (1945), que concluirá al atardecer del día siguiente sin haber logrado visitar todos los estudios, torres, túneles por aire y tierra, criptas en continua transformación, un anfiteatro y caminos sembrados de esculturas que conforman este imponente lugar. Un espacio que conmueve por su grandeza, por lo ilimitado del espacio, por su misterio estremecedor. 

Anselm Kiefer es uno de los artistas más relevantes de nuestro tiempo.

Vengo muy impresionada del Anfiteatro. De hecho, estoy muy sobrecogida con todo. Necesitaré mucho tiempo para asimilarlo.

El anfiteatro se desarrolló de la misma manera que una pintura. Tenía una inmensa pared donde están todas las pinturas grandes, y pensé, ¿por qué no tener una pequeña gruta dentro? Entonces, hicimos algunos contenedores, los pusimos juntos para tener un nicho, continuamos piso por piso, y funcionó como un dibujo sin que supiéramos a dónde llegaría.

 

 Anselm Kiefer Elena Cue anfiteatro 

Anfiteatro. Foto: Elena Cué

 

Nació en 1945, en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial.

Nací en el sótano de un hospital. Ahí es donde mi madre me dio a luz y esa misma noche nuestra casa fue bombardeada.

Sus juguetes fueron ruinas y ladrillos que luego ha utilizado en sus obras, tanto material como conceptualmente. ¿Continúa jugando con esas ruinas?

Las ruinas son lo más hermoso, y como los niños no juzgan, las toman simplemente y juegan con ellas. Para mí no son un final sino un comienzo. Es hermoso ver una torre, de la cual se ha eliminado la piedra angular, que refleja si quiere caer cómo vacila; entonces todo va muy rápido y con gran estruendo hasta el suelo. La sensación es comparable al despegar de un avión. El acelerador a fondo está activado. El avión tiembla con la potencia que quiere llevarlo hacia adelante mientras los frenos aún lo mantienen en su lugar, la máquina, cada vez más y más rápido, finalmente se eleva hacia el cielo.

¿En qué valores creció habiendo nacido en una Alemania devastada material y espiritualmente?

Tuve una educación muy autoritaria porque mi padre era un oficial. Entonces, por un lado, tenía el autoritarismo de la iglesia católica y, por el otro, el de mi padre, que era también mi maestro. Fue demasiado. Pero mi padre también me mostró a los pintores que fueron marginados durante el Tercer Reich y, en los primeros años de mi infancia, él me orientó hacia la pintura y el dibujo.

En Barjac y en el resto de su trabajo, ¿qué surge primero: la experiencia o el concepto?

Si quieres decir si mi trabajo sigue un concepto pensado, entonces la respuesta es: por supuesto. Siempre tengo un concepto, de lo contrario no podría comenzar. Sin embargo, durante el trabajo y en el transcurso de días, semanas o años, el concepto cambia. El concepto es necesario pero no importante.

¿Qué siente cuando mira la monumentalidad y la complejidad de La Ribotte?

Siento que está inacabada. 

 

 Anselm Kiefer Elena Cue La Ribotte 

La Ribotte. Barjac. Anselm Kiefer. Foto: Elena Cué

 

¿Qué tipo de necesidad le ha llevado a construir algo tan único en Barjac? 

Cuando me mudé a Francia, mi idea era no tener más ayuda de nadie. No quería una oficina, quería simplificar mi práctica y hacer todo por mi cuenta. Quería hacer pinturas muy ligeras que se pudieran enrollar y llevar a cualquier parte. Yo quería trabajar solo, sin ninguna ayuda. Fue como una revolución cultural. ¡Deja todo atrás, deja de pintar y comienza de nuevo!

Aquí confluye la arquitectura, la pintura, la escultura, hasta conciertos de música... ¿Está tratando de reproducir el concepto wagneriano de Obra de Arte Total?

No uso la palabra "Gesamtkunstwerk" ("Obra de Arte Total"). Tiene una connotación incómoda. Prefiero hablar de un trabajo en progreso. Lo más importante no es el resultado sino lo efímero, lo que fluye siempre, lo que no llega a su fin.

En 2011 participó en la escenografía de la ópera Elektra en el Teatro Real de Madrid, ¿tiene intención de participar en otra ópera?

Sí, cuando la pieza es correcta y el director con el que comparto una estética se unen. Klaus Michael Grüber, con quien colaboré en Edipo en Colono en Burgtheater en Viena y Elektra en Nápoles, fue para mí una gran combinación. Él, desafortunadamente, falleció durante la preproducción.

Ha comentado que el aburrimiento en su infancia le hizo filósofo.  ¿Cree que un estado de aburrimiento es realmente creativo? 

El aburrimiento es el comienzo de la filosofía. Si estás activo, no reflexionas. Heidegger tiene una serie de conferencias sobre el aburrimiento. Y dice que cuando te invitan a un evento y es un poco aburrido, tomas consciencia de lo que tu eres. Se te revela lo que es el ser.

¿Con el pensamiento de qué filósofo se identifica más?

Roland Barthes, pero también con Johann Gottlieb Fichte, Martin Heidegger, Leibniz, Carl Schmitt, Gustav Radbruch, Feuerbach...

¿Qué es lo que normalmente violenta su pensamiento para pensar y crear?

No pinto porque el lienzo esté vacío o porque no tenga nada que hacer. Comienzo a pintar porque he tenido una experiencia muy fuerte. Cuando estoy abrumado por algo que me mueve, algo que es más grande que yo. Puede ser una experiencia real con una persona, un paisaje, una pieza musical o un poema. Si realmente estoy sorprendido por algo tengo que actuar en consecuencia porque me sobrepasa. Eso es lo que sucede cuando comienzo a trabajar. Los críticos siempre dicen que mi objetivo es abrumar, pero en realidad, yo soy el que está abrumado. Eso es lo que sucede cuando creo. Si no te sientes abrumado, ¿por qué estás vivo? De lo contrario no hay ninguna razón para estar aquí.

¿De dónde procede su inspiración? 

Si le preguntas a los escritores, te dirán que todo el material que tienen proviene de su infancia. Lo mismo sirve para mi.

Ha comentado que siempre se he sentido atraído por lo imposible. ¿Cuántas veces ha tratado de lograr lo imposible?

No puedes lograr lo imposible. Solo puedes soñar con ello e intentarlo. El verbo lograr es difícil porque siempre es un proceso. Nunca podría decir que algo es un logro, solo está en nuestra cabeza.

Su obra esta cargada de referencias mitológicas germanas, griegas y egipcias, del Antiguo Testamento o de la Kábbalah entre otras, ¿ha encontrado elementos de conexión?

Sí, toda la mitología está conectada. Por ejemplo, la leyenda nórdica de Wayland el Smith, que fue capturado por el rey y no consiguió escapar. Esa misma leyenda existe en Egipto y en  el norte de Alemania. Se pueden encontrar conexiones en toda la mitología

Le han calificado como uno de los grandes representantes del Neo-expresionismo, ¿qué le proporciona esta forma de expresión artística a diferencia de otras?

Estoy fundamentalmente en contra del estilo.

 

 Anselm Kiefer La Ribotte Foto Elena Cue  

La Ribotte. Barjac. Anselm Kiefer. Foto: Elena Cué

 

¿Qué le motivó a incluir objetos figurativos como submarinos, girasoles, tulipanes, etc, en sus pinturas? ¿Por qué empezó a fusionar pintura y escultura?

Es una cuestión de realidad. Cuando presento un objeto, no creo ilusión adicional. Lo que hago es lo que es. A veces quiero ser directo. Los objetos tienen su propia espiritualidad.

Usted escribe mucho. ¿Por qué elegió pintar en lugar de escribir?

No puedo decir que fue una decisión consciente. Vino a mí de esta manera. A lo largo de mi carrera siempre tuve momentos en los que pensé en escribir un libro. Tengo muchas ideas de posibles libros en mi diario, pero no puedo decir que me haya decidido por ninguno. 

¿Entonces es un equilibrio entre escribir y pintar?

Sí, pero no es escribir, es más bien experimentar con uno mismo. No escribo ficción o poesía. La poesía es algo diferente; Pones las palabras en una combinación determinada que nunca se ha visto antes. 

¿Y la pintura?

Es recreación también.

¿Se ve más reflejado en la pintura que en la escritura?

La escritura ayuda a analizar lo que hemos hecho. Además, es una forma de autoevaluación.

¿Se pregunta si está satisfecho? 

Todo el tiempo

¿Cómo se siente cuando lee sus escritos?

Mis escritos son para mí una forma de recordar. Lo nuevo surge de la memoria.

¿Y cuando mira sus cuadros en retrospectiva? 

Exactamente como Paul Valéry, a veces pienso que son maravillosos, otras veces me hacen sentir desesperado. 

 

 La Ribotte. Barjac Anselm Kiefer Foto Elena Cue 

La Ribotte. Barjac. Anselm Kiefer. Foto: Elena Cué

 

Ha comentado que para usted el arte es lo que más se acerca a la verdad.

El arte está aún más cerca de la verdad. Es la verdad.

¿Cree que a través del arte se puede expresar mejor lo que realmente somos?

No soy importante. A veces soy yo y otras veces soy muchos otros.

El Holocausto es muy significativo en su trabajo. Se representa a través de una amplia gama de simbolismos. ¿Cuál es su objetivo al representar el periodo histórico más negro de la historia de su país?

Cuando era pequeño, el Holocausto no existía. Nadie habló de eso en los años 60. Sentí que había algo escondido. Por accidente, obtuve un disco con las voces de Hitler, Goebbels y Goering. Fue hecho por estadounidenses para educar a los alemanes. Estaba tan impresionado por Hitler que empecé a estudiar el Holocausto. Yo quería saber de qué se trataba. 

¿Fue la necesidad o la curiosidad lo que le impulsó a investigarlo más? 


Fue curiosidad. Cuando comienzas a estudiar lo que sucedió en esos momentos es tan horrible que es difícil de imaginar. Solo en 1975 en Alemania finalmente comenzaron a mostrar exactamente lo que sucedió durante el Holocausto. Desde entonces, los alemanes han sido muy buenos en revelarlo. Los franceses todavía están escondiendo mucho de eso. En ese momento, los austriacos no querían tener relación con nada alemán. Un periodista austriaco se quejó de que puse austriacos y alemanes en la misma categoría. En aquel entonces, Hitler se sorprendió al pensar que tendría que luchar contra Austria para lograr la unificación. Resultó que todos lo querían ya. Eran aún más eficientes y precisos con sus listas judías que los alemanes. Las fuerzas francesas enviaron cerca de 100.000 personas para trabajar en la industria armamentistica de Alemania. Nunca creí que hubiera un punto cero. La democracia fue traída por primera vez por los estadounidenses.   

En la lección inaugural de las conferencias magistrales que impartió en el Collège de France relataba que donde había aprendido más sobre arte había sido leyendo Diario de un ladrón, de Jean Genet. ¿Podría explicar por qué?

Estaba muy abrumado por su escritura. Él literalmente puso todo patas arriba. Tomaría lo más honorable que pudieras imaginar y lo arrojaría al fango, mientras que lo más horrible, por ejemplo matar a alguien, lo consideraría una obra de arte. Él puso todo patas arriba y eso fue fantástico para mí.

Aquí se cumpliría su pensamiento de que la alquimia transforma lo abyecto en arte, la verdadera magia. ¿Qué le atrae tanto de la alquimia? 

Alquimia es el primer paso hacia la ciencia, la química y la física. Es la enseñanza de la transmutación. También es un movimiento espiritual. La gente siempre dice que los alquimistas tratan de convertir el plomo en oro, pero los verdaderos alquimistas no quieren hacerlo. Es una imagen para transformarte en otro nivel. Los alquimistas son los primeros científicos naturalistas.

 

 Anselm Kiefer la Ribotte Elena Cue 

La Ribotte. Barjac. Anselm Kiefer. Foto: Elena Cué

 

Se ha fotografiado vestido de mujer para Für Jean Genet, ha representado a las mujeres  en Les Femmes de la Révolution, Les Reines de France, Les Femmes de L'Antiquitié, en Margarethe y Shulamith,  ¿Qué representa la mujer en su obra?

Siempre me siento abrumado por las mujeres y pienso que están más conectadas con las raíces de la tierra. Ellas son más poderosas que los hombres. 

Usted dice que el arte debe ser subversivo e inquietante. ¿Qué piensa sobre la relación entre el arte y la sociedad?

Voy a referirme a Jean Genet nuevamente. El es subversivo porque predica que el robo y el asesinato son las mejores cosas; que tienes que convertirte en un traidor. El arte nunca puede ser moralista. El arte no puede ser un juicio de la sociedad, porque la moral está conectada a los tiempos. Nos retrotrae a la democracia griega. En esa época se podía tener esclavos. Incluso Aristóteles dijo que para ser un buen filósofo debes ser rico y tener esclavos. Eso está todo conectado con ciertos momentos. Entonces, los artistas no deberían estar conectados con un comportamiento moral específico.

Ha abordado ampliamente el tema del artista como destructor y creador, clave en su obra. ¿Podría profundizar en este concepto?

El artista es un iconoclasta, él destruye todo el tiempo. Hay arte y antiarte. Si el artista no es un iconoclasta, entonces no es realmente un artista. Puedes verlo a través de la historia del arte. Destruyo lo que hago todo el tiempo. Luego pongo las partes destruidas en contenedores y espero la resurrección. 

La idea de ilimitado está implícita en su trabajo provocando un sentido de lo sublime. ¿Busca este sentimiento?

Eichendorff, en su poema, envía a su alma interior al mundo y luego vuelve a él. Es un círculo interminable. Sigo el sistema filosófico que incluye emoción, voluntad y reflexión. Eichendorff describe un globo terráqueo como una esfera; una especie de esfera que otorga inmunidad. Antes de nacer, compartes una esfera con tu madre, estás conectado en el útero. Esta es la primera esfera. Entonces la esfera se hace más amplia a medida que te encuentras con más y más personas. La esfera romántica es interminable. Va al infinito y regresa.

 

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Las mujeres de la Revolución. Anselm Kiefer. Foto: Elena Cué

 

El paisaje con su figura en el medio de la sala Las mujeres de la Revolución  recuerda al paisaje de Friedrich y el concepto de lo sublime.

No es realmente mi mundo. ¿Quién inventó la palabra sublime?

El primero en usar ese término fue un griego de la época helenistica, pero se popularizó al comienzo de nuestra época, y entre otros Kant que escribió un libro sobre lo bello y lo sublime.

Hay una cita maravillosa de Kant: «Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto, a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí». 

¿Hay cosas que han subido a la superficie a través de su trabajo que preferiría que hubiesen quedado ocultas? 

No. Hay tanto que está oculto. Puedes revelar tanto como desees y aún así nunca llegarás al centro.

¿Cuál es su opinión sobre la primera Documenta y el arte Degenerado Nazi?

Miré a través de todas las pinturas y arquitectura nazi y no encontré una pintura decente. Los estudié a todos. Pensé que podría haber algo escondido, pero todo eran tonterías. Sin embargo, la arquitectura era diferente. No fue la arquitectura nazi per se, fue la arquitectura de la época porque estaba conectada con la tradición. Puedes ver el mismo tipo de arquitectura en París y Roma. Las personas ven erróneamente ese tipo de arquitectura como nazi. Por ejemplo, dicen que la arquitectura no debe abrumar a la gente. ¿Pero por qué no? Estamos abrumados todo el tiempo, mira las estrellas, por ejemplo. Un arquitecto debe mostrar esto. Me gusta Karl Marx Allee, en Berlín.

 

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Librería. Anselm Kiefer. Foto: Elena Cué

 

¿Cuál es la importancia de los libros en su vida y en su trabajo?

Los libros que he hecho representan el sesenta por ciento de mi trabajo. Todavía tengo la mayoría de mis libros anteriores, ya que nunca estuvieron a la venta. 

¿Y en relación con la pintura?

Una pintura es diferente de un libro porque puedes pararte frente a ella y ver una impresión de algo. Cuando lees un libro, pasas las páginas, está conectado al tiempo. Me gusta escribir libros porque puedo mostrar el proceso creativo. Cuando hago una pintura, siempre tengo una guerra en mi cabeza. En cada etapa de la pintura tengo cientos de posibilidades diferentes para elegir. Por ejemplo, cuando Picasso estuvo atascado durante el proceso creativo solía decirle a su esposa, Francoise Gilot, que copiara su pintura para que pudiera llegar a un resultado diferente. Cuando estás pintando siempre tienes que tomar decisiones. A medida que eliges ir de cierta manera, renuncias a otras cien posibilidades. 

 

 Elena Cue entrevista a Anselm Kiefer 

 Anselm Kiefer y Elena Cué. Foto: Waltraud Forelli

 

 

 

- Entrevista a Anselm Kiefer -                                    - Alejandra de Argos -

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Basquiat: Biografía, obras y exposiciones

Wed, 03/10/2018 - 08:49

Jean-Michel Basquiat nació, vivió y murió para destacar. Su fulgurante y breve vida, su potencia artística, su mezcla entre inconformismo y deseo de formar parte de las élites y su impactante obra plástica (que se complementa y dialoga con su poesía y su música) le convirtieron en lo que el experto en arte René Ricard calificó como “el niño radiante” de su época. Y aún más: el nuevo Van Gogh. Tan polémico como poderoso, Basquiat se alza hoy como el paradigma del artista maldito que no renunció en su tiempo a coquetear con la alta sociedad. Actualmente, la indiscutible calidad e importancia de su obra se funde con las voces que niegan la leyenda de su infancia difícil, o que se llevan las manos a la cabeza ante las cifras millonarias que sus cuadros alcanzan en las subastas.

Basquiat: el ruido y la furia

Jean-Michel Basquiat nació, vivió y murió para destacar. Su fulgurante y breve vida, su potencia artística, su mezcla entre inconformismo y deseo de formar parte de las élites y su impactante obra plástica (que se complementa y dialoga con su poesía y su música) le convirtieron en lo que el experto en arte René Ricard calificó como “el niño radiante” de su época. Y aún más: el nuevo Van Gogh. Tan polémico como poderoso, Basquiat se alza hoy como el paradigma del artista maldito que no renunció en su tiempo a coquetear con la alta sociedad. Actualmente, la indiscutible calidad e importancia de su obra se funde con las voces que niegan la leyenda de su infancia difícil, o que se llevan las manos a la cabeza ante las cifras millonarias que sus cuadros alcanzan en las subastas.

Indiferente a todo, la figura de Jean-Michel Basquiat sigue alzándose como representante de un arte alejado de las tendencias de la época y con una plástica figurativa que habla por sí sola. Un arte, siempre, pletórico de ruido y de furia.

 

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Retrato de Jean-Michel Basquiat. En Visitlondon.com

 

Infancia en Brooklin: de la escuela católica a la City-As-School

Basquiat nació en el seno de una familia acomodada en 1960, en el barrio neoyorquino de Brooklin. De madre diseñadora y padre contable, su ascendencia mezclaba dos de las etnias tradicionalmente discriminadas en la sociedad estadounidense: la portorriqueña y la haitiana. Su condición de afroamericano (“negro”, como él mismo decía) influyó en su arte durante toda su breve y brillante carrera.

Tras el divorcio de sus padres el artista en ciernes pasó por varias escuelas, algo que marcó sin duda su infancia. Tras comenzar su educación en una escuela católica, pasó después por hasta cinco colegios públicos hasta bien entrada la adolescencia.

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Basquiat en su apartamento (1979-89). Foto de Alexis Adler en el Museo de Arte Contemporáneo de Denver. En 5280.com

 

Su relación con el arte empieza a muy temprana edad; con tan solo seis años, su madre le hizo “miembro junior” del Museo de Brooklin. El joven Basquiat ya dibujaba de forma compulsiva desde los tres años, bebiendo la inspiración de su entorno: desde la televisión hasta los cómics, pasando por los coches, taxis y autobuses que recorrían las calles. Toda esta vorágine de la cultura urbana se reflejó en sus cuadros durante toda su vida, en forma de vibrantes líneas, brochazos intensos, figuras recortadas en negro y expresiones faciales llevadas al límite. Por otra parte, el pequeño Jean-Michel fue arrollado por un coche y pasó una temporada en el hospital: durante su convalecencia tuvo como compañero el famoso manual Gray’s Anatomy (1958). La visualización de las ilustraciones biológicas, mecánicas y anatómicas de la época tendrían una poderosa influencia en su pintura posterior.

Con solo quince años Jean-Michel Basquiat consigue entrar en una famosa escuela de arte para niños y adolescentes superdotados que no respondían bien a la enseñanza tradicional: la City-As-School. Su estancia allí no dura mucho: en la graduación de su amigo y compañero Al Díaz (que más tarde será fundamental en su trayectoria artística), Basquiat vierte un cubo de crema de afeitar en la cabeza del director, lo que causa su expulsión fulminante.

 

Los años de SAMO y la poesía del grafiti

Si bien se suele pensar que la obra de Jean-Michel Basquiat tiene su origen en el grafiti que floreció en Nueva York en los años 70-80, lo cierto es que sus trabajos de entonces no eran grafitis propiamente dichos. En 1972 y junto con su amigo y compañero de escuela Al Díaz, ambos intervinieron edificios y muros del Lower Manhattan bajo la firma SAMO, acrónico de Same Old Shit. A diferencia de su coetáneo y también influyente artista Keith Haring, cuyo trabajo no se entendería sin el grafiti, las obras que Basquiat realizó en la época son más bien poesías gráficas con intención de epatar, romper y marcar territorio.

Es en este momento, con SAMO inundando las paredes de las calles de Nueva York y la contracultura cada vez más fascinada por la misteriosa firma, cuando los medios de comunicación y el mundillo artístico de la época empiezan a fijarse en los trabajos de Basquiat. Viendo la repercusión mediática de sus intervenciones, el artista decide ponerles fin con una serie de obras en las que aparecía la inscripción SAMO IS DEAD.

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Grafiti SAMO IS DEAD (1981). Foto: Henry Flint. En medium.com/thenewstand.

 

Durante esta época, Basquiat vive en las calles de Nueva York por deseo personal. La necesidad de experimentar, conocer y explorar todo tipo de mundos y submundos siempre estuvo presente en su personalidad de artista y de poeta. Son dos años durante los cuales Basquiat duerme en bancos del parque, consume y vende drogas, pinta camisetas (que vende para comer) y trabaja como DJ en clubs que empiezan a ser frecuentados por la élite de la cultura neoyorquina.

Este sería el comienzo de su mediática carrera artística, encumbrada por a una aristocracia cultural hambrienta de ídolos malditos. Brillante, con talento, negro, rebelde y sensible: Jean-Michel Basquiat lo tenía todo para convertirse en el niño radiante que brillaría durante la década de los ochenta.

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Untitled (1981). En Christies.com

 

Los años del glamour y la influencia del neo-expresionismo alemán

Si algo caracteriza a la obra de Jean-Michel Basquiat es, sin duda, su inconformismo. Los primeros años 80, cuando empieza a despuntar, viven el reinado del arte conceptual y del minimalismo estético en todas sus formas. El arte es racional, la abstracción ha alcanzado su máxima cota y el concepto reina por encima de la expresión. Basquiat se enfrenta a la tiranía de la intelectualidad artística establecida, e inspirado (y atraído) por el neo-expresionismo alemán de figuras como Willem de Kooning comienza a realizar sus magnéticos lienzos.

La presencia de la cultura urbana y el trazo del grafiti se mezclan con la tradición figurativa europea: los cuadros de Basquiat son gritos de guerra, poesía y plástica, acertadamente mezclados en el alambique de la contracultura.

 

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Untitled (Fallen Angel) (1981). En Basquiat.com.

 

En 1982 se tiene lugar su primera exposición en solitario, en la galería Annina Nosei del SoHo neoyorquino. Es el comienzo de una serie de muestras individuales y colectivas que juntan su obra con la de otros artistas fundamentales de la época, como David Salle o Julian Schnabel. Una año antes, Rene Ricard había publicado en la prestigiosa revista Artforum el artículo que haría despegar definitivamente a Basquiat, convirtiéndole en el objeto de deseo de la aristocracia del arte de los 80: “The Radiant Child”.

 

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Dustheads (1982). En artofericwayne.com.

 

El “rey negro” y la amistad con Warhol: una década con fin trágico

En 1982, Basquiat protagoniza seis exposiciones en solitario y participa en la exclusiva Documenta de Kassel de ese año. Durante esta época, sus lienzos suelen mostrar una figura tan inquietante como todo el imaginario del artista: un “rey negro”, figura coronada que parece representar la potencia de la cultura afroamericana en un oscuro y violento presente. En estos años realiza más de doscientos lienzos con retratos (más psicológicos que formalmente auténticos) de personajes influyentes pertenecientes a esta cultura: desde Muhammad Ali a Dizzy Gillespie. Sus obras empiezan a ser muy cotizadas, mientras que su presencia es demandada en los más exclusivos eventos de la época. Desde principios de los años 80 Basquiat mantiene una estrecha relación con Andy Warhol que influye poderosamente en el trabajo de ambos. Warhol declaró que gracias a él volvió a pintar con pinceles, mientras que el trabajo de Basquiat adoptó parte de la cultura del consumo masivo característica de la obra de Warhol.

La intensidad con la que Jean-Michel Basquiat creaba tenía un exacto reflejo en su vida. Aficionado a las drogas y la vida nocturna desde su adolescencia, aumentó progresivamente su consumo hasta desarrollar una fuerte adicción por la heroína y la cocaína que provocó su temprana muerte en 1988, a la edad “maldita” de 27 años. Una muerte que truncó una trayectoria artística de enorme intensidad, polémica y poderosa, cuya influencia en el arte posterior se mantiene plenamente vigente en el siglo XXI.

 

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Riding with Death (1988). En arthive.com.

 

Exposiciones

Desde su primera exposición en solitario (celebrada a principios de los años 80) hasta nuestros días, la obra de Jean-Michel Basquiat ha recorrido los museos más importantes del mundo. La fuerte influencia de sus lienzos, grafitis y escritos en el arte contemporáneo explica el enorme interés que su figuradespierta en todos los círculos. Su poder mediático, las cifras escandalosas que han alcanzado algunas de sus obras en las subastas y su intensidad visual siguen moviendo multitudes.

 

Basquiat - Retrospectiva (2010-11)

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Para conmemorar el que hubiera sido el 50 cumpleaños de Jean-Michel Basquiat, el Museo de Arte Moderno de la Villa de París celebró una gran retrospectiva que marcó un antes y un después. Fue la primera gran exposición sobre la figura del pintor, poeta y músico neoyorkino celebrada en la ciudad.

 

The Unknown Notebooks (2015)

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Los cuadernos desconocidos es el nombre de esta exposición itinerante, celebrada en distintos museos a lo largo del mundo y que reunió ocho cuadernos de bocetos creados por el artista. Todo un compendio de información plástica que revelaba el work in progress del carismático creador.

 

Boom for Real (2017-18)

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Boom for Real, la gran retrospectiva sobre la figura de Jean-Michel Basquiat que celebró el Barbican Museum de Nueva York, fue comisariada por dos de los expertos más importantes en la obra del artista: Dieter Buchhart y Eleanor Nairne. La muestra reunió más de cien obras, incluyendo algunas de las obras maestras más relevantes de Basquiat y una gran selección de fotografías, audiovisuales, bocetos, grafitis y escritos.

 

Libros

“Basquiat”. Varios Autores. 2010

Desde sus comienzos en el arte urbano y el grafiti, hasta la creación de las grandes obras que le encumbraron en la cultura artística de los años 80. Este libro traza un recorrido completo de la trayectoria artística de Basquiat, haciendo hincapié en su relación con figuras como Warhol, Keith Haring o Madonna. Magníficamente producida, la edición cuenta con la intervención de Dieter Buchhart, comisario de la retrospectiva Boom for Real (Barbican Museum, Nueva York).

“Basquiat: A Quick Killing in Art”. Phoebe Hoban. 2015

Este libro no es una publicación artística, sino la biografía de una figura brillante y de su trágico final. P. Hoban recorre la complicada infancia de Jean-Michel Basquiat y nos muestra su evolución en las calles de Brooklin, desde sus descensos al infierno de la droga hasta sus subidas al olimpo de la cultura neoyorquina. Un profundo repaso a la vida del artista, que permaneció siempre íntimamente ligada a su obra. De lectura imprescindible.

“Radiant Child: the Story of Young Artist Jean-Michel Basquiat”. Javaka Steptoe. 2016

El premiado libro ilustrado de J. Steptoe supone una fascinante introducción a la obra de Jean-Michel Basquiat, adaptada al mundo infantil y juvenil. De impactante calidad y a través de los magníficos lienzos del artista, el autor traslada su figura y su obra a los más jóvenes a través de unas ilustraciones que rinden homenaje al artista. Un libro con un mensaje muy claro: “el arte no siempre tiene que ser limpio, claro… ni siquiera hermoso”.

  

 

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