Juerga de mamis

  • Juerga de mamis

    Año: 2017

    Pais: EE.UU.

    Edad: Mayores de 7 años

    Cuatro madres, que lo único que tienen en común es que sus niños van a la misma clase, deciden un día salir de fiesta. La noche empieza de forma desastrosa, pero la combinación de alcohol, karaoke y un camarero buenorro les conduce a una noche inolvidable en la que se dan cuenta de que tienen mucho más en común de lo que pensaban.

A War (Una guerra)

  • A War (Una guerra)

    Año: 2015

    Pais: Dinamarca

    Edad: Mayores de 12 años

    El comandante de la compañía Claus M. Pedersen y sus hombres están estacionados en una provincia afgana. Mientras tanto, en Dinamarca, la esposa de Claus, Maria, trata de mantener su vida cotidiana con un marido en guerra y tres niños alejados de su padre. Durante una misión de rutina, los soldados se ven atrapados en un fuego cruzado y, con el fin de salvar a sus hombres, Claus toma una decisión que tendrá graves consecuencias para él y su familia de vuelta a casa.

It

  • It

    Año: 2017

    Pais: EE.UU.

    Edad: Mayores de 16 años

    En el pueblo de Derry, en el estado de Maine, empiezan a desaparecer niños misteriosamente. Un grupo de ellos decide lidiar con sus miedos para enfrentarse a un malvado payaso llamado Pennywise, cuya historia de asesinatos y violencia se remonta varios siglos atrás.

16.02.2019 - Siroco Lounge

  •  Los Niños Terribles

Monólogos femeninos: Reflexiones contra la violencia de género

  • Monólogos femeninos: Reflexiones contra la violencia de género. Actividad cultural creada por Cristina Jarque promotora del estudio del psicoanálisis, el arte, la literatura y la poesía Su valor esencial y único es que son creaciones propias e inéditas que constituyen una nueva mirada: miradas femeninas que intentan poner palabras al enigma de lo femenino. Inscripción previa en el mostrador de la biblioteca, aforo limitado.. Cristina Jarque y Hortensia Búa

19.01.2019 - Siroco Lounge

  • Los Niños Terribles

Leïla Slimani: Canción Dulce, Chanson douce

  • Leïa Slimani, (1981) es una joven autora franco marroquí, educada en lengua francesa y ganadora con su segunda novela del premio más prestigioso de las letras francesas, El Goncourt, en 2016. En un estilo netamente francés, con un tono que recuerda a su compatriota Emmanule Carrère, Slimani narra con ritmo vertiginoso y con la lentitud propia de la rutina cotidiana una trama delirante que deja al lector en una situación incómoda donde quedan reflejadas situaciones fácilmente identificables. La lectura de la novela se acelera con el discurrir de la narración en una búsqueda de lo que se esconde detrás de un hecho que conocemos desde el comienzo. La ficción y la no ficción se entremezclan de tal manera que es difícil distinguir una de otra. Los personajes bailan alrededor de la protagonista, una mujer extraña e inaprensible que deja a la vista solo una parte de su personalidad para que el lector conforme su retrato según avanza la lectura. Nada parece quedar al azar.

    Autor colaborador: Maira Herrero, 
    Master en Filosofía.

    Maira

     

     

     

     

    Leïa Slimani, (1981) es una joven autora franco marroquí, educada en lengua francesa y ganadora con su segunda novela del premio más prestigioso de las letras francesas, El Goncourt, en 2016.

     

     LEILA SLIMANI 

     Leïla Slimani. foto Heike Huslage-Koch (CC-BY-SA 4.0)

    En un estilo netamente francés, con un tono que recuerda a su compatriota Emmanule Carrère, Slimani narra con ritmo vertiginoso y con la lentitud propia de la rutina cotidiana una trama delirante que deja al lector en una situación incómoda donde quedan reflejadas situaciones fácilmente identificables. La lectura de la novela se acelera con el discurrir de la narración en una búsqueda de lo que se esconde detrás de un hecho que conocemos desde el comienzo. La ficción y la no ficción se entremezclan de tal manera que es difícil distinguir una de otra. Los personajes bailan alrededor de la protagonista, una mujer extraña e inaprensible que deja a la vista solo una parte de su personalidad para que el lector conforme su retrato según avanza la lectura. Nada parece quedar al azar. Los personajes se van entrelazando hasta quedar a la vista sus fobias y debilidades frente al otros. Con gran minuciosidad describe el ambiente de la casa donde se desarrolla una parte importante de la acción como testigo incómodo de una realidad asfixiante.

    Sin tener nada en común Louise, la niñera de la novela, me ha traído a la memoria la figura de Vivian Maier, conocida como la fotógrafa niñera. Aquella americana enigmática y solitaria que paso su adolescencia en Francia y volvió a su país natal, en la década de los cincuenta, primero a Nueva York y más tarde a Chicago, para trabajar cuidando niños sin dejar a un lado su verdadera vocación, la fotografía, cuya obra, hoy mundialmente conocida, no vio la luz hasta después de su muerte en 2009. Ella fue capaz de encontrar en la cotidianeidad de su vida una fuente de inspiración que plasmo en miles de imágenes fotográficas que rompieron con cualquier frustración derivada de un trabajo poco gratificante. Las calles, con y sin gente, los niños que cuidó y alambicados autorretratos quedaron plasmados en más de cien mil negativos, recuperados prácticamente todos gracias al trabajo del crítico John Maloof. También se han encontrado algunas películas en súper 8 que ella misma rodó y grabaciones de audio, lo que han convertido a Vivian Maier en una cronista excepcional de dos de las grandes urbes americanas.

    Esta digresión nos ayuda a comprender lo poco que sabemos de la condición humana y de lo que se esconde detrás de unos gestos que en apariencia resultan normales. Slimani nos muestra el enigma que subyace en el inconsciente y de qué manera, cuando menos lo esperas salta con furia en el escenario equivocado para dar paso a reacciones incomprensibles. La narración consigue descolocar al lector que trata de entender lo irracional, lo que la sencilla apariencia no deja ver, lo que se escapa a nuestra observación, los pequeños detalles que describen a la perfección la atmósfera que se respira dentro y fuera del lugar de los hechos. Es una novela difícil de recomendar a las madres que tienen que dejar a sus hijos en manos extrañas durante muchas horas sin saber realmente lo que ocurre en su hogar.

    La condición femenina y el debate entre maternidad y vida profesional aparece en la novela sin ningún tipo de maquillaje. La disyuntiva entre el cuidado de los hijos o la vida laboral pone de relieve la complejidad de la elección. La auto justificación de los padres frente a la dejación de funciones y de las prioridades del momento, reflejan el dilema de cómo afrontar situaciones en las que a menudo no encontramos enredados.

    La novela está inspirada en un hecho real acaecido en la ciudad de Nueva York en el año 2012.

     

     

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29.12.2018 - Siroco Lounge

  • Los Niños Terribles

Vidas Minúsculas. Pierre Michon

  • Pierre Michon posee una inteligencia narrativa que conmueve. Su prosa de frases largas y escasas pausas se lee prácticamente como poesía y obliga al lector a no perder el ritmo que impone su escritura, más como una partitura que como un texto. Maneja el lenguaje con precisión y su vasta cultura es el vehículo perfecto para contar sus historias. Vidas Minúsculas, su primera novela (1984), se publicó en España por primera vez en 2002 y desde entonces se ha reeditado tres veces. Representa la bildungsroman, novela de formación o de aprendizaje que aborda un tiempo vital que produce cambios sustanciales y que marca la manera de cómo enfrentarse a la vida.

    Autor colaborador: Maira Herrero, 
    Master en Filosofía.

    Maira

     

     

     

     

     

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    Pierre Michon 

     

    Pierre Michon posee una inteligencia narrativa que conmueve. Su prosa de frases largas y escasas pausas se lee prácticamente como poesía y obliga al lector a no perder el ritmo que impone su escritura, más como una partitura que como un texto. Maneja el lenguaje con precisión y su vasta cultura es el vehículo perfecto para contar sus historias.

    Vidas Minúsculas, su primera novela (1984), se publicó en España por primera vez en 2002 y desde entonces se ha reeditado tres veces. Representa la bildungsroman, novela de formación o de aprendizaje que aborda un tiempo vital que produce cambios sustanciales y que marca la manera de cómo enfrentarse a la vida. Para Michon fueron los años en los que el latín se convirtió en su refugio, el saber en una necesidad, "los otros, los demás" en una lucha diaria y su meta la lectura de los clásicos. A través de ocho historias, algunas abarcan un ciclo vital completo, nos sumerge en su infancia hasta llegar a la juventud perdida en una búsqueda de sí mismo en el mundo de ayer. La pesada aventura del crecimiento terminaba, nos extrañaba que no fuera eterna. Siempre anda a vueltas con sus recuerdos, con el mundo rural donde creció y donde la climatología, la orografía, la vegetación, el olor, los sonidos, la luz … marcan la diferencia, y como todo ese estar pegado a la tierra le transforma, y forma una identidad a la que no puede renunciar. Biología y cultura son un todo que conforma una personalidad muy particular. La edad le ha devuelto a ese mundo que abandonó hace ya muchos años pero que nunca dejó, a Cards, un pequeño pueblo de la región de Lemosín en el corazón de Francia.

    Michon es un maestro a la hora de describir a los protagonistas de esas historias. Los va retratando a base de pequeñas pinceladas, su composición es minuciosa y vuelve sobre ella una y otra vez hasta dar con lo que busca en un acto de creación absoluto haciendo visible lo invisible. En algunos casos la agudeza descarnada de sus descripciones resulta inquietante y perturbadora, pero la belleza de su lenguaje está por encima de sentimentalismo y se enfrenta a ellos sin concesiones y con honestidad. La estructura espacio temporal funciona como hilo conductor de la novela que avanza a través de decepciones y fracasos, al mismo tiempo que la tranquilidad de la aceptación de lo evidente no deja lugar al pesimismo. Siempre hay un resquicio para la ironía como cuando se refiere a esos enfermos de locura como gandules optimistas o incluso cuando habla de la muerte. Toda la narración deja patente la interacción íntima y constante que existe entre el escritor y los protagonistas de sus historias que le empujan hacia la edad adulta. … el mundo, que sólo es para nosotros el guardarropa donde vestir nuestra imagen.

    Habla de ese tiempo identificable que lleva consigo pérdidas definitivas y explica la manera de estar en el mundo, esa conciencia de un tiempo roto para siempre en que el pasado va a crecer desmesuradamente. Al mismo tiempo, utiliza la muerte para explicar la vida, de niño supe que otros niños morían: […] había estado junto a ellos y sabía que estábamos hechos de la misma pasta; dudaba de que se convirtieran, como me aseguraban, en ángeles de pleno derecho. Esa manera de identificarse con los muertos estremece cuando se refiere a su padre como el Ausente, el gran ausente, (inaccesible y oculto como un dios) que habita su cuerpo deshecho por los excesos del alcohol y de los estupefacientes, un simple encuentro remueve el pasado que queremos olvidar, en ese desajuste del escritor con el mundo y en esa necesidad de reconciliación con él. Somos nuestra memoria que revela un discurso sobre el sentido de la vida y de cómo entenderla.

    En Vidas Minúsculas está el germen de algunas de sus obras posteriores, ya tiene en la cabeza a Rimbaud el hijo, después de que cayese en sus manos, siendo todavía un niño, un artículo titulado Arthur Rimbaud, el eterno infante. También, está su amor por los grandes maestros de la pintura, Roger van der Weyden, Hals, Goya, Van Gogh que más tarde reflejará en Señores y sirvientes.

     

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    Los Comedores de Patatas de Vincent van Gogh, 1885

     

    Michon hace genealogía para entender su propia existencia, escucha y mira el pasado para encontrar en las pequeñas cosas el sentido del mundo. En un pasaje de la novela imagina que se abre como un libro que él mismo lee, (para regocijo del público), en esa idea de que los libros duelen y seducen. Es un narrador de primera mano en algunas vidas y de segunda en otras, cuando habla por lo que le han contado, para ahondar hasta una profundidad que falta el aire.

    No hay nada más emocionante que encontrar libros que abran nuevos horizontes, no sólo por lo que dicen sino por cómo lo dicen, Vidas Minúsculas es uno de ellos: las cosas del pasado son vertiginosas como el espacio, y su huella en la memoria es deficiente como las palabras: (a pesar de ello) descubría que uno recuerda. La vida es el relato, la narración que la literatura nos ofrece.

    Pierre Michon ha repetido muchas veces una frase de Bataille: Por supuesto que cualquier forma de arte puede existir independientemente del deseo de prodigio. Pero cualquier obra de la que esté ausente ese deseo no es una gran obra. Aquí encontramos ambas cosas, se une razón y emoción, deseo y prodigio.

    No puedo dejar de mencionar a sus traductoras, Flora Botton Burlá y María Teresa Gallego Urrutia que han sido capaces de trasladar, con un trabajo impecable, toda la sensibilidad poética del autor a nuestra lengua.

     

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     Pierre Michon

     

     

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Roma. Alfonso Cuaron

  • Alfonso Cuarón es un hombre pegado a la tierra, a esa tierra que marca su ser desde la existencia de una de las personas que le han dado amor y le han enseñado a amar. Cleo es la   joven indígena que cuidó de Cuarón y de sus hermanos cuando empezaba a despertar a la pubertad y con la que compartió momentos determinantes de su existencia en esos años donde todo queda marcado a fuego. El director mexicano ha puesto todo su empeño para contar sin sentimentalismo y con un lirismo conmovedor una parte fundamental de su vida. Lo pequeño, incluso lo minúsculo toman importancia capital y nos adentra en la intimidad de su mundo familiar. La cinta transcurre en la colonia Roma de Ciudad de México, un barrio tranquilo de casas unifamiliares en los inicios de la década de 1970.

    Autor colaborador: Maira Herrero, 
    Master en Filosofía.

    Maira

     

     

     

     

     

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    Alfonso Cuarón es un hombre pegado a la tierra, a esa tierra que marca su ser desde la existencia de una de las personas que le han dado amor y le han enseñado a amar. Cleo es la   joven indígena que cuidó de Cuarón y de sus hermanos cuando empezaba a despertar a la pubertad y con la que compartió momentos determinantes de su existencia en esos años donde todo queda marcado a fuego. El director mexicano ha puesto todo su empeño para contar sin sentimentalismo y con un lirismo conmovedor una parte fundamental de su vida. Lo pequeño, incluso lo minúsculo toman importancia capital y nos adentra en la intimidad de su mundo familiar. La cinta transcurre en la colonia Roma de Ciudad de México, un barrio tranquilo de casas unifamiliares en los inicios de la década de 1970.

    La arquitectura, el mobiliario y las costumbres familiares nos dan las pautas para entender un mundo reconocible de la vida de la clase media profesional de cualquier lugar. La cámara deambula por la casa y pasea por las calles del barrio para colocarnos en el contexto exacto. Azoteas, patios, escaleras, pavimentos, y coches explica con exactitud lo que parece conformar una realidad que el paso del tiempo no ha borrado.

     

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    Es un mundo de mujeres y niños, en el que el padre es casi una figura retórica. Una madre fuerte y decidida, siempre junto a Cleo, la figura icónica del grupo familiar que con absoluta humildad teje lazos inquebrantables. El aspecto frágil y desvalido, en apariencia de la protagonista, adquiere a lo largo de la película la fuerza de un titán, hasta convertirse en el ángel de la guarda que a todos nos gustaría haber tenido. La secuencia de la playa deja al descubierto la determinación de alguien que es capaz de adentrarse sin titubeos en la oscuridad para que la vida continúe tal como está prevista.

    La cotidianeidad recorre la vida familiar del día a día entremezclando lo importante con lo superfluo en un juego de luces y sombras. Una cuidadísima fotografía en blanco y negro sirve de referente para entender ese diálogo que se establece entre la vida y la muerte, entre lo que está bien y lo que no, entre el respeto y el amor y la indignidad. Nada chirria, todo está cuidado con una delicadeza que queda patente en los momentos más críticos, cuando el espectador descubre el escaso valor de la vida y la falta de empatía que se puede llegar a generar. Son los años en que las revueltas y enfrentamientos entre grupos paramilitares y estudiantiles culminó con la masacre del Jueves del Corpus, 10 de junio de 1971. Más de 120 estudiantes perdieron la vida y Cuarón quiere que se recuerde.

     

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    No se puede obviar que el director y guionista del film es un mexicano enraizado hasta la médula con su cultura y que necesita sentir lo más prosaico de la existencia, en este caso encarnada en los excrementos de un perro al que nadie parece prestar atención, simplemente forma parte del decorado. Tampoco ha querido olvidar la riqueza lingüística de su país e incorpora en los diálogos entre Cleo y su compañera Adela, el Mixteco, la lengua de la tierra de donde ambas son oriundas. El movimiento sísmico se trata de forma tan natural en el relato, como la llegada de la primavera. El sonido de una ciudad en ebullición, o el ruido del agua al caer sobre el piso cierran el círculo.

     

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    También hay momentos llenos de ironía, como cuando hay que estacionar el automóvil en el zaguán de la casa, demasiado pequeño para un coche tan grande, que una y otra vez se golpea en los laterales hasta quedar desvencijado, como algo que no encaja en su sitio.

    Los primeros fotogramas muestran un suelo de baldosas hidráulicas en los que lentamente aparece el agua que baldea Cleo y los últimos, la azotea abierta al cielo donde Cleo tiende la ropa.

     

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    - Roma. Alfonso Cuaron -                        - Alejandra de Argos -

Entrevista a Robert Wilson

  • Mi primer encuentro con Robert Wilson se produjo una noche en un restaurante. Antes de que nos sirvieran el primer plato, nos comunicó su deseo de pronunciar unas palabras. Se levantó y se situó detrás de la silla. Se mantuvo en esa posición, en un estado de meditación; el silencio se alargó unos minutos provocando el asombro y la curiosidad de los allí presentes hasta que finalmente comenzó a hablar.Robert Wilson (Tejas, 1941) es uno de los más grandes creadores artísticos del siglo XXI porque ha conseguido revolucionar, de manera importante, la forma de mirar las artes. Su influencia en el teatro experimental y en el arte del performance es incuestionable y ha dirigido y creado escenografías para las grandes óperas del mundo. La próxima, Turandot, será su vuelta al Teatro Real.

     Autor: Elena Cué

     

     Robert Wilson por Elena Cue

    Robert Wilson. Foto: Elena Cué

     

    Mi primer encuentro con Robert Wilson se produjo una noche en un restaurante. Antes de que nos sirvieran el primer plato, nos comunicó su deseo de pronunciar unas palabras. Se levantó y se situó detrás de la silla. Se mantuvo en esa posición, en un estado de meditación; el silencio se alargó unos minutos provocando el asombro y la curiosidad de los allí presentes hasta que finalmente comenzó a hablar.

    Robert Wilson (Tejas, 1941) es uno de los más grandes creadores artísticos del siglo XXI porque ha conseguido revolucionar, de manera importante, la forma de mirar las artes. Su influencia en el teatro experimental y en el arte del performance es incuestionable y ha dirigido y creado escenografías para las grandes óperas del mundo. La próxima, Turandot, será su vuelta al Teatro Real.  Fundador del Centro Watermill de Nueva York, invita a cerca de 200 artistas cada año: un crisol de razas y culturas con una puerta siempre abierta a la diferencia. 

    Volví a ver a Bob Wilson, esta vez entre "bambalinas" pintando de luz el escenario del Teatro Real. En una posterior cena se produce nuestra conversación guiada por el silencio.

    Nace en Waco, Tejas. ¿Cuáles son sus raíces?

    Crecí en una comunidad con prejuicios raciales, muy conservadora y siempre sentí que algo no iba bien. Desde temprana edad, por instinto, quería luchar por la justicia social. En los años 50 ni siquiera se me permitía caminar por la calle con un hombre negro. Tuve una conexión profunda con los afroamericanos. Cuando era un adolescente, era el único chico blanco que asistía a ver jugar al fútbol y a los servicio religioso de negros. No era religioso pero siempre tuve un sentido espiritual. Supe enseguida que quería promover la justicia social y de alguna manera dar visibilidad a la opresión contra los negros. Uno de los grandes momentos del siglo XX es cuando Martin Luther King dice "Tengo un sueño". En mi país, los afroamericanos eran una raza oprimida, golpeada, esclavizada y encadenada. Solo se les permitía leer un libro: la Biblia. Si volvieramos a las raíces de la música estadounidense, regresaríamos a la espiritualidad afroamericana. Desde el siglo XVII no hay una sola canción sobre la protesta; se trata de la esperanza porque está basada en la Biblia. Todo esto está profundamente arraigado en mí.

    ¿Cuál sería un momento inolvidable en sus 50 largos años de carrera en el teatro?

    Uno de los momentos más bellos de mi carrera fue con Jessye Norman, una gran cantante de ópera. Fue poco después del 11 de septiembre cuando tuvimos un gran éxito en París. Una tarde me llamó y me dijo que no podía cantar porque estaba segura de que lloraría durante el recital. Pero yo le dije que debía hacerlo, que debíamos escuchar su voz. Al final, comenzó a cantar y después de 34 canciones de Schubert, empezó a llorar y las lágrimas corrían por su rostro. Se quedó como una reina Nubia hasta que dejó de llorar. Permaneció allí en silencio durante 10 minutos mientras el público lloraba. Lo que sentía tan profundamente dentro de ella era incluso más hermoso que cuando estaba cantando. Una raza de personas golpeadas. Cuando vine a Nueva York desde Texas, vi personas negras sentadas en el metro, eran las más nobles. Así que eso es parte de mis raíces y realmente de donde parto.

    En los años 60 adoptó a Raymon Andrews, un niño sordo de raza negra que la policía reprendía en la calle y que vivía hacinado con otras personas en un piso.

    Cuando Raymond vino a vivir conmigo, no sabía ninguna palabra. Tuve que enseñarle. Él era muy inteligente. Tenía una afinada capacidad superior para percibir mejor los signos visuales que las señales. Si estuviera aquí, sentado con nosotros, se daría cuenta de cosas que yo simplemente no percibiría. 

    ¿Ha adoptado más niños?

    Adopté 3 niños: 2 niños y una niña. Mi pobre padre, no solo descubrió que su hijo es gay, sino que adoptó a un niño negro sordo. Mi padre era un hombre religioso. Dijo que si tienes éxito en la vida, debes devolver a la Tierra lo que se te ha dado. Cuando tenía 27 años comencé una fundación. Trabajaba en un restaurante italiano como camarero y daba un porcentaje alto de mis ingresos a otras personas.  

    En 1971, recibió el reconocimiento internacional por su ópera Deafman Glance, una ópera silenciosa de más de 7 horas creada en colaboración con su hijo Raymond. ¿Se puede percibir música en la ausencia de sonido?

    Los franceses llamaron a mi obra "una ópera silenciosa". Fue en cierto modo silencios estructurados. Fue la mayor sorpresa de mi vida porque entonces odiaba la ópera y el teatro y, sin embargo, había realizado una obra que duró 7 horas en silencio. Se suponía que debíamos hacer solo dos interpretaciones, pero representamos la obra durante cinco meses y medio frente a una audiencia de 2.200 personas cada noche. Mi carrera quedó más o menos consolidada después de eso.

     

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    Deafman Glance. By Robert Wilson

     

    ¿Cuándo era niño qué quería ser de mayor?

    Tenía 6 años de edad y asistía a clase en una escuela pública mientras la maestra recorría la clase preguntando a cada niño: ¿Qué quieres ser cuando seas mayor? Joe le dijo que bombero, Sally dijo que maestra de escuela, Bill le dijo que médico y cuando me tocó a mí el turno yo le dije: El Rey de España.

    ¡Ese es el título de una de sus obras!

    Sí, en efecto.

    A mediados de los años 60 es cuando se mudó a Nueva York y con un grupo de artistas, como Philip Glass o Tricia Brown entre otros, forman una comunidad que empieza a realizar performance en los techos, en los callejones o en las iglesias. ¿Qué tipo de performance hacían?

    Hacíamos eventos que se llamaban sucesos, ”happenings”. Lo especial de este tipo de actuación era que sucedía solo en una noche y nunca volvería a ocurrir. Eso era lo que lo hacía tan especial. Lincoln Kirstein, quien creó el Ballet de la ciudad de Nueva York, dijo que la danza moderna no tendría tradición. Fue un shock en ese momento. Hice una obra que duró 7 horas y que nunca volvería a suceder. Después de eso, en 1972, Michel Guy me encargó una obra de teatro de 24 horas. Luego, en Irán, Farah Diba preguntó si podíamos traer "Deafman Glance". Ella dijo que le gustaría encargar un trabajo que se hiciera en una sola actuación de 7 días, de manera continua para que nadie pudiera verlo todo. Mi idea en ese momento era que el teatro podía ser como mirar por la ventana. La luz cambiaría, iría desde la mañana hasta el mediodía, etc., siempre sucedería algo, como en la naturaleza. Esos fueron los primeros años de mi trabajo, hice una obra de 7 horas, una de 12 horas y otra de 24 horas, y el último fue de 7 días.

    ¿Cómo fue su experiencia en Irán?

    Habíamos estado tocando en todo el mundo y la última actuación fue en Shiraz. Shahbanu Farah Diba, venía a mirar. Decidí incorporar a Christopher Knowles, un niño autista, en la actuación, y le expliqué que la Primera Dama del país iba a estar allí. No entendió como había pasado 11 años en una institución mental. Le pedí que hiciera algo especial esa noche. Me preguntó cuánto tiempo debería ser y le dije que 10 minutos. Se levantó en el escenario y repitió la palabra "grabadora" durante 10 minutos. Tenía lágrimas en los ojos. Todos estaban ansiosos y nerviosos, y se fueron sin aplaudir. Cuando salió del escenario, el joven de 15 años me dijo: "¿A quién le importa que tu mente sea tan suave?" No lo dijo con ira o desafío, sino porque había entendido la situación. Comprendió que la gente estaba muy incómoda con lo que había hecho. Era como si hubiera hecho un dibujo de Agnes Martin. Sabía quién era y qué estaba haciendo. Por eso es por lo que yo soy artista.

     

    Rosa Parks, de raza negra, símbolo de los derechos civiles en Estados Unidos, se negó en 1955 a sentarse en la parte trasera del autobús e incitó al pastor Martin Luther King a organizar protestas contra la segregación racial. Se ha interesado por su casa. ¿Qué significado tiene para usted? 

    La casa de Rosa Park es un símbolo de justicia social. Lo ideal sería que estuviera frente a la biblioteca de Barack Obama, pero podemos colocarla como telón de fondo en cualquier lugar. Quiero que se vea en todo el mundo, que personas que comparten valores y puntos de vista diferentes puedan presentar eventos frente a ella. No creo que su función sea estar necesariamente en un museo.

    En algunos temas estamos asistiendo a un giro ético en nuestra sociedad. ¿Cree que ha habido un progreso significativo en las áreas más importantes de los derechos civiles en los Estados Unidos?

    Está cambiando lentamente y eventualmente cambiará. Siempre soy optimista. Mire lo que sucedió en las recientes elecciones, cada vez hay más mujeres y personas de color/afroamericánas elegidas y mire lo que ha pasado en Maine. Va a ser lento pero está sucediendo. ¿Quién creería que los derechos de los homosexuales estarían donde están hoy?

    En 2005 se mostraron 24 video-retratos suyos en el MoMA de Nueva York. Entre ellos, de la Princesa Carolina de Mónaco o Mikhael Baryshnikov. ¿Por qué esa inclinación por ralentizar el tiempo, tan característico de su obra?

    Lo más difícil de hacer para un artista es pararse en el escenario. Es fácil saltar, pero ¿puedes quedarte quieto durante 10 minutos? Si vas a una escuela en los Estados Unidos, verás que no pierden el tiempo enseñando esto. Sin embargo, si vas a una escuela de teatro del Este, por ejemplo, Japón, aprendes a pararte en el escenario cuando tienes 3 o 4 años. Para los japoneses, la posición es poder. La quietud siempre ha sido parte de mi vocabulario. Ezra Pound dijo que la cuarta dimensión es la quietud y el poder de una bestia salvaje.  

    ¿Y el tiempo?

    Para mí, el tiempo es algo intelectual. Dicen que la gente se mueve lentamente en mis producciones. Si no pienso en ello y me muevo más lento de lo que normalmente lo hago, todo continúa, toda la energía del mundo está ahí. El tiempo no es un concepto. Es muy complejo.

    Sus escenografías con luz son como una pintura.

    Mire, cuando era muy joven, hice mi primera y segunda obra en Spoleto, Italia y Luchino Visconti vino detrás del escenario y me dijo que mi iluminación era magistral. Lloré como un bebé. Le pregunté si podía verle trabajar al día siguiente. Estaba pintando con luz. Lo observé durante tres horas. Fue una confirmación para el resto de mi vida. Uno podría pintar el escenario con luz. En ese momento tenía mi edad, era a mediados de los 70. Hoy no hay casi nadie que haga eso; Todo es luz de televisión. Es imperceptible.

     

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    The Life and Death of Marina Abramović. Robert Wilson

     

    Entró por la puerta grande en el Museo Louvre con su exposición "Living Rooms" (2013). ¿Cuál es su opinión sobre la controversia de incluir nuevas prácticas artísticas en las grandes pinacotecas de discurso hegemónico?

    Los artistas de nuestro tiempo son a menudo mal entendidos. Se les llama vanguardistas. Sin embargo, en mi opinión, la vanguardia está redescubriendo a los clásicos. Sócrates dijo que un bebé nace conociéndolo todo. Es el descubrimiento de ese conocimiento nuestro proceso de aprendizaje. Para mí, ese descubrimiento del conocimiento son los clásicos.

    Dijo: "El lenguaje es la barrera de la imaginación" 

    El lenguaje puede ser un gesto, una luz. Las palabras pueden liberarnos del pensamiento, pero las palabras también pueden limitar. La razón para trabajar como artista es muy simple, es preguntarse siempre ¿qué es? Y nunca digas lo que es. Porque si sabes lo que es, no hay razón para hacerlo.

    ¿Está usted recitando?

    Sí, es Hamlet de Shakespeare. Puedo recitarlo cada noche pero cada vez será diferente. Nunca será lo mismo. Esos momentos en el tiempo nunca volverán a suceder. Lo único que es constante es el cambio.

    Pasa lo mismo con las palabras. Lo que sucede en el sonido de una palabra es muy complejo, es como una roca. Si lo rompes, está lleno de muchas energías. Romeo dice "te amo", yo puedo decir "quiero matarte". Cada segundo de lo que sucede es tan complicado que es mejor que nos olvidemos de él. En el teatro formal te da tiempo para reflexionar, tiempo para pensar. Tal vez esa es una de las razones por las que odiaba trabajar en un teatro. Sentí que todo era demasiado opresivo.

     

     Robert Wilson foto Elena Cue 

    Robert Wilson y Elena Cué durante la entrevista.

     

     

    - Entrevista a Robert Wilson -                                    - Alejandra de Argos -

Navidad para niñas y niños en Vicálvaro

  • Actividades especiales para estas navidades con los más pequeños. Consutar programa . Navidad para niñas y niños en Vicálvaro. Durante este mes.

09.11.2018 - Siroco Lounge

  • Los Niños Terribles

Actividad: Visitas taller para familias en el primer trimestre de 2017

  • Las familias con niños de 3 a 12 años que quieran disfrutar del Museo de una forma diferente pueden hacer ya su reserva para las visitas taller de fin de semana que tendrán lugar de enero a marzo de 2017. Blanco sobre blanco, La imaginación del artista o (El título es mío) son algunos de los siete recorridos propuestos para los niños de 6 a 12 años; los más pequeños, entre 3 y 5 años, podrán explorar el Museo con los talleres Inspector Thyssen y Hechizo azul. Una forma lúdica y entretenida de acercarse al arte en familia. Más información Reservas para Amigos del Museo Reservas para público general

Actividad: Navidad en el Museo

  • div#colCentralContenidosInt div.informacionExposicion p a:link,div#colCentralContenidosInt div.informacionExposicion p a:visited{ color: #938E71; border-bottom: medium none; display: inline; padding: 0px; background:none; } Durante el periodo navideño y principios de año, además de las exposiciones Renoir: intimidad (hasta el 22 de enero) y Bulgari y Roma (hasta el 26 de febrero), se puede visitar en el balcón mirador y con acceso libre la muestra dedicada a las ilustraciones que Francisco Bores realizó para el poema “El cuervo” de Edgar Allan Poe (hasta el 5 de febrero). Las exposiciones están abiertas en su horario habitual de martes a domingo de 10 a 19h. y los sábados hasta las 21h., excepto los días 24 y 31 de diciembre que el Museo abre hasta las 15h. y los días 25 de diciembre y 1 de enero que permanece cerrado. Además, hasta el 15 de enero, se ha instalado en el hall un belén napolitano del siglo XVIII en el que destacan por su dinamismo y fuerza, las figuras de los ángeles, junto a las que forman el Misterio -la Virgen, el Niño y San José-, los Reyes Magos y la rica escenografía que ilustra la vida cotidiana de la época: vendedores ambulantes, músicos, viajeros, paseantes, compradores, taberneros y un amplio catálogo de oficios que arropan con su vivacidad y expresividad el Nacimiento de Cristo. En cuanto a las actividades, la visita taller de Navidad Fuga en rojo , dirigida a familias con niños de entre 7 y 12 años, propone descubrir las conexiones entre la música y la pintura en los cuadros de la colección, para después poner en práctica las habilidades plásticas y auditivas de los participantes en el taller. Por último, recordar que también mantienen su horario habitual de apertura tanto la Cafetería-Restaurante , como la Tienda-Librería , con su gran variedad de artículos inspirados en las exposiciones o en las obras de la colección y con originales ideas para regalar en estas fechas. Y otra buena idea para regalar estas Navidades es la Tarjeta Amiga del Museo.